El Gobernador de las Islas Marianas


¿Qué entiendes tú por escribir?

 

Hay verbos que resultan tan obvios y están tan asentados en nuestra vida cotidiana que no necesitan definición. Pero si te paras a pensar, con algunos de ellos es difícil encontrar a dos personas que digan exactamente las mismas palabras, como ocurre con “amar” y “viajar”. Y en esta segunda clasificación, aunque muchos la situarían en la primera, para mí está “escribir”.

 

La definición más común para la RAE es “representar las palabras o las ideas con letras u otros signos trazados en papel u otra superficie”. Qué fría y automatizada es, ¿verdad? Una más acertada y que yo compartí en el post de Charlando con mi pasado más dulce salió de “Diario Médico”: “Escribir es una forma de hablar sin ser interrumpido”. Pero han pasado cinco años desde este artículo y aunque las palabras permanecen, las personas cambian.

 

Escribir y quizás dentro de un nuevo lustro cambie de opinión, es simplemente desarrollar tu capacidad asociativa, una forma de plasmar tus recuerdos y sentimientos para autoconvencerte de lo que piensas, estés o no equivocado. Y para ti, seguramente signifique otra cosa. Pero lo importante es que tengas tu propia definición.

 

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Una vez, en la asignatura de “Periodismo de Agencias” (allá por 2009), el profesor nos dijo que tarde o temprano se nos olvidaría escribir. Acertó, sobre todo por tener un teclado allá donde vayamos. Qué lástima que todos sepamos escribir el teclado y no tocarlo como en el piano. O qué, por culpa de la firma electrónica, perdamos la costumbre de firmar a mano con un simple garabato que en ocasiones puede reflejar una compleja personalidad si entiendes de grafología. Qué tiempos aquellos en los que escribíamos cartas a personas que nos importaban y ahora intentamos impresionar, a veces por compromiso, con felicitaciones navideñas virtuales.

 

Perder la costumbre de escribir a mano es una realidad que por el progreso del ser humano diría que hay que aceptar. Pero lo que más temo es que perdamos el concepto y que veamos como algo normal la definición de la RAE.

 

No hace mucho, tras una felicitación navideña hecha a mano de quién considero que tiene la letra más bonita que he visto hasta ahora, dije a mi padre con sorna que él no sería útil en una mesa electoral por el tiempo que dedicaría a escribir con pulcritud el nombre de cada votante. Ahora guardo esa felicitación en el cajón de mi mesilla. 

 

No hace mucho, no sin ayuda, le regalé un árbol genealógico impreso para que continuara su proyecto número uno desde su jubilación; y que ha dejado momentos graciosos como nuestro supuesto antepasado que fue Gobernador de las Islas Marianas.

 

Islas Marianas

Me río de mi antepasado pero seguro qué él sabía escribir mejor que yo. Y que además, sabía perfectamente lo que significaba ese concepto.

 

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De salir a por espárragos a excavación arqueológica


hermanos WrightUno de los inventos más importantes de la historia contemporánea es el avión. Gracias a los hermanos Wright, llevamos más de un siglo cumpliendo un sueño hasta entonces inalcanzable para el ser humano: volar. Volar como los pájaros, aunque como seres superiores a esa especie. Sin embargo, los últimos acontecimientos demuestran que, por lo que respecta a la aviación, somos tan vulnerables como los gorriones. No importa que esté demostrado que sea el medio de transporte más seguro (aunque ahora el tren lo ponga en duda), no importa que gracias a este aparato podamos conocer otros países y estrechar lazos con culturas distintas. Somos débiles y a veces nuestras vidas se ven truncadas por el fanatismo que lleva a unas personas a estrellar un avión contra unas torres, por un error humano que costa la vida de 181 personas en un pueblo de Madrid o por la depresión de un joven alemán que decide estrellar el aparato que copilota contra los Alpes. 

 

El martes pasado subí a un avión con destino a Dublín. No importa que viajara con Ryanair ni que su nombre fuese el FR7257, porque afortunadamente no pasó nada y todos estos datos quedarán en el olvido. Pero al llegar a tierras irlandesas recibí un mensaje de mi madre: “Joder, q susto. Se ha estrellado un avión que ha salido de Barcelona esta mañana en los Alpes. No hay supervivientes. Madre mía, casi me da algo. Escribe”. Al no tener WiFi ni datos recurrí al ya obsoleto SMS para tranquilizar a mi madre.

No logré comprender la magnitud del accidente hasta que vi las imágenes en una cafetería. Accidente que se convirtió en asesinato por parte del copiloto Andreas Lubitz, un joven alemán con un inquietante historial del que no voy a hablar, ya que de eso se encargan, y creo que demasiado, los medios de comunicación. Como dijo en un programa reciente Iker Jiménez en Milenio3, en situaciones así se da más importancia al asesino que a las víctimas. Efectivamente, nos puede el morbo, la conducta humana y el preguntarnos qué es lo que lleva a una persona a hacer algo así. 

 

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En mi caso, preferí despejarme y dar un paseo después de mi viaje a Irlanda por las extensas tierras de mi pueblo, Mejorada del Campo. Un lugar donde el 27 de noviembre de 1983, un Boeing 747 Jumbo de la compañía colombiana Avianca cayó envuelto en llamas en una pequeña vaguada tras rozar dos lomas montañosas, costando la vida de 181 personas. El destino quiso que entre los once supervivientes estuviera una familia completa. Y el destino quiso que un 29 de marzo de 2015, un grupo de mejoreños que en principio salía a buscar espárragos, encontrara restos del avión siniestrado que se creían totalmente recogidos. Entre ellos, estaba yo. La misma persona por la que su madre sintió un escalofrío.

 

Mejorada del Campo 1983

Mejorada del Campo 1983

 

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Restos del Boeing 747 Jumbo encontrados 32 años después

Fue en un terreno poco accesible que estaba siendo preparado para la siembra. Quizás de trigo. Y entre las piedras, encontramos cristales de las ventanas del avión, pilas, restos de platos, manillas, partes del fuselaje, pilas y otras cosas con inscripciones que demuestran que, en su día, pertenecieron a un avión. 

 

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Lo que empezó siendo una apacible tarde de domingo para buscar espárragos, terminó con una expedición arqueológica improvisada. Siempre desde el respeto y recordando, no en mi caso pues nací en 1987, ese fatídico día en el pueblo. Cómo pedían ayuda por los altavoces a todos los habitantes, los problemas para acceder a la zona, las ambulancias, el desastre… pero también el silencio. Un silencio que recuerda muy bien Mariano, que estuvo en la zona en 1983 y en 2015. Un silencio que permanecerá para siempre en esa zona, pero que los mejoreños, y todos los demás, nos encargaremos de romper en palabras como estas para recordar a las víctimas. Y también, para decir a los hermanos Wright que no se equivocaron a pesar de todo. 

La felicidad del pasado


Vivimos pegados a la tecnología, pero compramos discos de vinilo y abrigos vintage. Se trata de una incongruencia, de apariencias ¿o de una llamada de socorro al pasado?

En una de las clases quizás menos productivas del Máster, Diego se sorprendió cuando la profesora presentó una aplicación que, en determinadas zonas de la ciudad, mostraba cómo era Londres hace muchos años mientras el usuario caminaba por la misma calle. Londres y viajar al pasado, qué combinación tan irresistible.

Y como el periodismo, bajo el punto de vista de este servidor, es cuestión de tener una gran capacidad asociativa, pensó en una reflexión que su abuela hizo recientemente: “hemos pasado mucha hambre, pero antes éramos más felices”. La infancia es la mejor época de la vida por saber juntar una inocente ignorancia con la inmensa capacidad de aprender todo, pero Juliana no se refería a una edad en concreto. Hablaba simplemente de felicidad siendo una anciana de 82 años con buena salud, un magnífico marido y rodeada de una amplia familia.

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Aunque uno no puede hablar por propia experiencia a los 26 años, antes las reuniones familiares no eran puro compromiso, sino una necesidad básica de recibir amor, cariño y empatía que actualmente sustituye la tecnología. Hemos mejorado en igualdad de género, en calidad de vida y muy poco en la presión social de emparejar a la gente, pero nos puede el egoísmo, la individualidad y el conformismo.

El Partido Popular de algún modo está retrocediendo al pasado con leyes como la del aborto, la más dura de la Democracia, pero es difícil repescar ese sentimiento del que habla mi abuela. Compramos discos de vinilo, abrigos vintage y admiramos obras muy antiguas. Pero por apariencia más que por otra cosa. Compartimos mensajes en Facebook cuando mueren famosos como Sara Montiel o Mandela, y en seguida nos olvidamos de ellos. La burbuja inmobiliaria frenó la intervención del hombre en espacios naturales y en pueblos de pizarra con neblina de una inmensa belleza, típicos de la Galicia más profunda que admiran los peregrinos del Camino de Santiago. Pero es temporal.

No respetamos el pasado y a veces ni lo comprendemos. Un médico es fundamental para salvar vidas y después de él, deberían estar más valorados los periodistas y los historiadores. Los periodistas por ser historiadores del instante (Albert Camus) y los historiadores por ser los periodistas del pasado. Dejemos a un lado el futuro, los propósitos del año nuevo y echemos la vista atrás para saber no sólo lo que nos hemos perdido afortunadamente (Guerras, enfermedades, hambres, etc.) sino lo que nos estamos perdiendo, la felicidad de Juliana. La felicidad del pasado.

Condenado a recordar


La Hipermnesia es un trastorno de la memoria muy extraño que registra cada detalle en la vida como si de un ordenador se tratara. La imposibilidad de perder el control o la certidumbre, ¿nos convierte en personas infelices o simplemente diferentes?  

No me acuerdo de olvidarte

Pepe Domingo Castaño (Tiempo de Juego, Cadena COPE) uno de los emblemas de la radio española, insiste anualmente en la clave de la felicidad cuando se acercan las fechas navideñas: “Para ser feliz hay que tener salud y mala memoria”. Que cada uno lo interprete como quiera, pero parece ser que Pepe Domingo se refiere a recordar, pero paradójicamente después olvidar, lo importante que es pedir perdón y hacerse el estúpido en determinados momentos de nuestra vida.

Precisamente porque el ser humano no es estúpido, aunque a veces lo parezca, se han descubierto en los últimos años enfermedades que parecían improbables de diagnosticar ante la desesperación de los que la padecen. En el caso de este servidor, esto ha pasado con un familiar muy cercano que desde hace años tiene Fibromialgia, un trastorno que implica fatiga y dolores musculares en ocasiones insoportables. “Me dolía mucho la pierna, pero los médicos no eran capaces de decir lo que tenía ni cómo tratarlo”.

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Brad Williams lo recuerda todo. Tiene Hipermnesia

Si una persona con HipermnesiaHipertinesa tuviera también Fibromialgia, sería capaz de recordar, no sólo el momento justo en el que empezó a tener los síntomas sino, y gracias –o por desgracia- a una memoria autobiográfica prodigiosa, la ropa que llevaba en ese día -hubiese sido hace un mes o hace 15 años-, la conversación que tuvo con su primo en el coche o el número de cucharadas de colacao que echó al vaso. 

Memento

Memento

Evidentemente, hay muchas formas de convertir esta enfermedad en una habilidad, ya sea en una profesión (como policía) o en la vida cotidiana para aclarar un hecho del pasado. Pero puede ser una carga difícil de soportar, ya que normalmente la mayoría de las personas recuerdan, a veces sin muchos detalles, los acontecimientos que suponen un hito en nuestra existencia. Sin embargo, los que tienen Hipermnesia recuerdan cada evento del pasado y de una forma algo obsesiva. 

En mi caso, recuerdo una película que vi en primero o segundo de Periodismo. Se llama Memento, estrenada en el año 2000, y cuenta la historia de Leonard, quien sufrió un trauma cerebral que le causó amnesia anterógrada, es decir, es incapaz de almacenar nuevos recuerdos. Una de sus frases recoge cinco palabras que dan mucho que pensar: “No me acuerdo de olvidarte“. Es una manera fantástica de decirnos que lo que hemos vivido con mucha intensidad es difícil de olvidar si nos ha dejado huella.

Eso es lo que da sentido a nuestra vida. Somos seres imperfectos y necesitamos perder el control. Almacenamos cosas en nuestro cerebro, como el primer beso, las bodas de oro de nuestros abuelos o una delicada operación, pero dejamos espacio para lo que pueda venir en el futuro. Sin embargo, personas como Brad Williams no es capaz de seleccionar.  Lo recuerda todo. Tiene Hipermnesia. Y puede que sea feliz o no, pero es, por su desgracia, diferente. 

“Sigo aprendiendo”


Siempre se pueden cambiar las cosas de lugar

En la asignatura de historia en cuarto de carrera de periodismo (2009) decidí hacer un trabajo voluntario de investigación sobre el Gernica de Picasso. Recuerdo que disfruté mucho durante su elaboración, ya que fui al museo Reina Sofía de Madrid, la biblioteca, consulté libros, fuentes de Internet y descubrí un cuadro soberbio, una ciudad devastada y, sobre todo, un artista excelente y enigmático.

Pablo Picasso

Pablo Picasso

Sin embargo fue gracias a Iker Jiménez, el mejor periodista radiofónico de este país y el único cuyo programa (Cuarto Milenio) sigue existiendo desde el nacimiento de Cuatro, por el que descubrí una anécdota sobre Picasso. Unos años antes, Pedro Sorela, mi profesor en Redacción periodística, contó en clase que el artista malagueño cambiaba las cosas de casa de lugar simplemente por salir de la rutina y fijarse en ellas diariamente. Ese cuadro olvidado en la pared, la figura que conmemora el viaje a Marruecos, un libro dedicado… ¿Realmente os acordáis -y observáis- lo que tenéis en casa? Picasso lo hacía, no sólo porque era un genio sino porque era un ser inquieto.

Volviendo a Iker, en uno de sus magníficos programas que tantas veces me acompañaron durante mi periplo en Londres, recordó como un Pablo Picasso octogenario en uno de sus últimos cuadros firmó “sigo aprendiendo”. Hablamos de una persona que ya había visto todo en la vida: guerras, injusticias, exilio, fama, reconocimiento, polémicas, éxitos y fracasos amorosos, etc. Pero al borde de la muerte se atrevió a decir que aún seguía aprendiendo. Sublime.

Es una máxima que tenemos que respetar, valorar y seguir. En mi caso, hace poco me preguntaron si era una persona exigente y dije, “no soy exigente, soy inconformista pero me conformaré cuando sea lo suficientemente feliz”. Tengo 26 años, una carrera, un posgrado, experiencia laboral en España y en el extranjero, voy a empezar un máster, soy becario y sigo sin conseguir un contrato laboral en mi profesión. Ojo, no me estoy vendiendo. Pero como dice Picasso, sigo aprendiendo.

No todo se ciñe al ámbito laboral. Hay terrenos que aún no he explorado, personas que no he conocido, temas que desconozco y virtudes y defectos míos que no he aclarado. Siempre hay algo pendiente por lo que tenemos y merece la pena luchar hasta el fin de los días. Habrá momentos malos, rachas negativas, sonrisas y lágrimas. Pero, como hacía el genio malagueño, siempre se pueden cambiar las cosas de lugar. Empezemos: SAICARG.

Eclipsado


Temo dejar de ser quien soy

 

“Dieguito es la persona qué conozco que más ha cambiado en la carrera”. Son palabras que Pablete, uno de mis mejores amigos y hermanos con el que tantas experiencias he compartido, me suele repetir cuando hacemos una quedada Chill out. No sé si es por esta época de incertidumbre, pero las conversaciones con la gente que me rodea cada vez son más profundas, sinceras y con ese punto de emoción que a unas veces gusta y otras incomoda.

Incomoda porque recordamos el pasado. Recuerdo mis veranos en Oropesa del Mar (Castellón) con toda mi familia, un hecho que ya no se puede repetir por diversas circunstancias. Recuerdo el hormigueo que sentía cada Navidad y recuerdo la primera vez que entré en una clase de Periodismo, un 3 de octubre de 2005 donde tuvo lugar un eclipse solar. No sé si ese eclipse anticipaba la llegada de una saga cinematográfica, bajo mi punto de vista lamentable (Crepúsculo), o una época gris para los estudiantes y en definitiva todos los españoles que habíamos recibido el primer lustro del nuevo milenio con el Euro y toda la ilusión del mundo.

Eclipse 2005

Perdón por lo de Crepúsculo, pero afortunadamente no he perdido ni un ápice de mi sentido del humor. No así con el optimismo. El pasado 24 de diciembre, cuando me tocó el turno en la “ronda de los deseos” del nuevo año, no supe que decir con una copa de sidra en la mano. Unos se referían al amor, otros al trabajo, viajes y próximos proyectos. Y todos, evidentemente, mencionamos la salud. Pero cuando me tocó ser egoísta y hablar sobre mí, simplemente no supe que decir.

Ese jodido vacío, esa sensación de hastío, la tuve, creo que por primera vez, trabajando como fregaplatos en el Hotel Hilton de Londres, Park Lane. Mientras limpiaba los carritos de room service agachado y con un mono sucio, le dije a Hermino, gallego de 61 años y una gran persona, “Hermino, nunca pensé que después de seis años estudiando iba a acabar de rodillas”. Los dos nos reímos mucho, pero por dentro me estaba descomponiendo.

Y si escribo estas palabras es porque me niego a aceptarlo. Puede que los políticos españoles, los bancos y los mercados nos priven de tener un trabajo, un mayor poder adquisitivo o unas vacaciones merecidas, pero nunca, nunca podrán intervenir en nuestra felicidad más directa. Un paseo por el campo con la familia, una cena improvisada con tu mejor amigo, una conversación sobre los motes de los vecinos con el abuelo, etc. Por poner un ejemplo, quizá inadecuado, aunque el autor de la matanza de Noruega esté en la prisión más lujosa del mundo, por muchas comodidades que tenga, no tendrá durante mucho tiempo uno de los valores más preciados por la humanidad: la libertad. Nunca os quitarán el derecho a ser felices.

Es tiempo de reconvertirse. Temo que se me olvide ser periodista con el paso del tiempo, temo dejar de ser el hombre en el que me he convertido gracias a cada una de las personas que ha pasado por mi vida. Temo no vivir más momentos como el de Oropesa del Mar. Pero lo que de verdad me da miedo, es que un puñetero eclipse, como una piedra en el camino, no me deje ver lo que de verdad importa: que siempre hay una oportunidad.

Aunque un poco tarde, ya tengo el deseo “egoísta” para 2013: una nueva oportunidad. Smile. 

Políticos disfrazados


Como bien dijo hace unos meses José Mourinho, entrenador del Real Madrid, “hay muchos madridistas disfrazados”, siendo el portugués el primero de ellos, ya que, entre otras cosas, trabajó en el F. C. Barcelona como segundo entrenador en 1996.

Madridista disfrazado

Este ejemplo futbolístico se puede extrapolar al ámbito religioso, concretamente, en el sector de la población española que se considera “católica pero no practicante”, es decir, “católicos disfrazados”; personas que, tras ser bautizadas sin su consentimiento, soportar las tediosas clases de catequesis y/o realizar la primera comunión, hacen caso omiso de las creencias que en su día les obligaron a creer, ya sea por dejadez o porque han encontrado su propio camino. Gran parte de mis amigos e incluso mi propio padre entran en este grupo. Sólo tenéis que mirar a vuestro alrededor.

Aunque el Periodismo, como gran parte de las profesiones (menos los políticos, deportistas de élite y los banqueros), está siendo muy perjudicado por la crisis actual, es de “agradecer” las innumerables medidas irracionales que está realizando el Gobierno de España, ya que dan mucho que hablar y despiertan nuestro intelecto, ya sea en artículos como este, en los estados del Facebook o en los 140 caracteres de Twitter.

El último despropósito ha sido la Reforma del sistema educativo del Ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, que, entre otras cosas, se traducirá en una nueva asignatura de Religión para recuperar el mismo estatus de asignatura que el resto de las que se cursan en el currículo de Educación Primaria y de la ESO (Secundaria Obligatoria). O lo que es lo mismo con un titular cachondo: “Wert se baja al pilón de la Iglesia Católica”.

Para que el disparate sea mayor, no estaría mal proponer como primer destino de la beca Erasmus en el Estado de la Ciudad del Vaticano, ya que los estudiantes tendrán buenos conocimientos en materia de Religión o golpear (¿corregir?) con la regla a los zurdos, siendo el primer damnificado Barack Obama, Presidente de Estados Unidos, y después aquí servidor.

Al parecer, esta polémica decisión es fruto de la entrevista que mantuvieron el ministro de Educación, José Ignacio Wert, y el secretario general de la Conferencia Episcopal, monseñor Juan Antonio Martínez Camino hace unas semanas. Y los demás, damas y caballeros, pintamos una mierda o, en términos religiosos, somos insignificantes pececitos en el Mar Rojo que Moisés dividió (aunque según unos investigadores fue el viento lo que separó las aguas, jaja).

Y como pececitos iremos en busca de trabajo sin más idiomas que un nivel básico – intermedio de inglés, cuando en Alemania es fácil encontrar tiburones con un buen nivel de inglés, francés e incluso castellano. No sólo ayunaremos en Semana Santa, sino en gran parte del año por falta de poder adquisitivo; son tiempos del NODO, (véase TVE en la actualidad) y en definitiva, de POLÍTICOS DISFRAZADOS.

Wert, un gran gilipollas

¿Ahora qué señor Wert? ¿Nos podremos privar de estudiar Religión?

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