Terima kasih!


Un repaso a mi viaje en Malasia e Indonesia en mayo de 2016

 

Kuala Lumpur (Malasia). 7 y 8 de mayo

 

La humedad de Kuala Lumpur me recordó a las vacaciones de 2003 en Oropesa del Mar (Castellón), donde pasé uno de los veranos más calurosos de la historia.

 

Malasia, según nos contó Peter, el taxista del aeropuerto, se caracteriza por mezclar tres culturas: la malaya – mayoritariamente musulmana-, la china y la hindú, lo que le convierte en un país lleno de contrastes. Desde las omnipotentes Torres Petronas, llamadas coloquialmente allí “Torres Gemelas”, al Helipuerto donde tomamos unas cervezas para disfrutar de las mejores vistas de la ciudad, y siguiendo por algunas calles sin asfaltar, llenas de puestos ambulantes y edificios de dudosa construcción. Una mezcla de ciudad desarrollada y por desarrollar.

 

Helipuerto Kuala Lumpur

Vistas desde el Helipuerto a las Torres Petronas

 

El día y medio que pasamos en Kuala Lumpur nos dio para poco más, aunque destacaría nuestra visita a las cueva de Batu, a la que nos desplazamos en Uber y donde empezamos a entender que éramos diferentes, ya que algunos lugareños se quisieron hacer fotos con nosotros, concentrados en ese momento para que los monos no nos robaran las mochilas.

 

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Cueva de Batu

 

Langkawi (Malasia), 9 al 11 de mayo

 

Aterrizar en Langkawi es algo parecido a la mítica escena de Parque Jurásico al llegar a la isla, solo que en vez de hacerlo en helicóptero y con la banda sonora de John William, yo lo hice en avión y escuchando un documental sonoro sobre Gladiadores.

 

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Aterrizando en Langkawi

El primer día subimos a lo más alto de la isla en teleférico (Langkawi cable car). Por suerte, el cielo estaba despejado y pudimos apreciar la riqueza natural de Malasia, preguntándonos desde la lejanía, si el hombre había puesto su pie en zonas tan agrestes y salvajes. 

 

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Teleférico de Langkawi

 

Después de esta excursión, hubo tiempo para degustar los cocktails y zumos tropicales de la zona en dos bares muy aconsejables: El Mali Mali, y el Thirsday. Apuntad si váis. Y abrid bien los ojos, ya que de camino al hostal nos encontramos con cosas tan increíbles como a un abuelo con sus cuatro nietos subidos en una moto pequeña, quien amablemente nos indicó el camino en medio de la oscuridad.

 

El día siguiente, el último en Langkawi, hicimos la excursión Mangrove, que incluye un viaje en lancha para conocer islas vírgenes donde los monos, ante la falta de alimentos en los árboles, nadan para pescar cangrejos, una visita a una cueva llena de murciélagos y a una piscifactoria en la que se podía meter el brazo entero en la boca de una raya de más de 100 kilos. Aunque lo que más me sorprendió fue como el Capitán de la lancha era capaz de visualizar desde la lejanía a serpientes bien camufladas entre las ramas.

 

Penang (Malasia), del 11 al 12 de mayo

 

Pengang fue posiblemente el sitio menos turístico del viaje, aunque descubrí la riqueza de la gastronomía hindú en un sitio donde tuvimos que comer con las manos, el sueño de cualquier niño.

 

comida hindu en penang


Comida hindú en Penang

 

Por desgracia, apenas atendí en el free tour para conocer la ciudad debido a las altas temperaturas, pero en un momento de lucidez escuché que el arte callejero de Penang -cuyo nombre viene de una fruta- fue iniciativa de un artista lituano hace más de 10 años.

 

arte callejero en penang


Arte callejero en Penang

 

 

Nuestra última parada en la ciudad fue en Penang Hill, donde hay unas vistas espectaculares. Subir fue sencillo, gracias a un innovador tren-teleférico en el que me enamoré de los ojos de una joven con rasgos árabes, aunque más tarde me dijeron mis amigos que llevaba lentillas, toda una decepción para mi; ¡los ojos son el espejo del alma! Pero bajar a pie fue otra historia. 

 

De todas formas, mereció la pena. Sobre todo por la charla que un hombre nos dio desinteresadamente de su religión en un templo hindú. Cómo Shiva representa en la foto el baile del universo, intentamos hacer lo propio en la foto.

 

Penang hill.jpg

Penang Hill

 

Bukit Lawang (Indonesia), una experiencia inolvidable. Del 11 al 14 de mayo

 

El hecho de tener 6 horas de retraso en nuestro vuelo a Medán (Indonesia) con un trekking duro al día siguiente en la selva, bajaron un poco los ánimos del grupo, inconscente en ese momento de todo lo bueno que estaba por venir.

 

Los dos días que pasamos con nuestro guía Johnny (clavado a Mowgli) en la selva de Bukit Lawang fueron impresionantes e inesperados. Vimos 11 orangutanes salvajes; “a ese le he visto 6 veces en 10 años” me dice Johnny, y cuatro especies de monos distintas. 

 

orangutanes en bukit lawang.jpg

 

En el camino hasta el campamento comí la piña más rica del mundo y nos echamos unas risas viendo cómo los guías indonesios intentaban imitarme haciendo el caballo (el propio Johnny me envió un audio al Whatsapp relinchando días después para ver si mejoró su técnica). Ellos, a cambio, nos enseñaron unas cuantas palabras en su idioma y esta canción:

 

Jungle trek, Jungle trek

In Bukit Lawang

See de monkeys, see the snake

See the orangutan

Ey!

 

Una vez el campamento, se puede decir que el esfuerzo tuvo su recompensa. Nos trataron como a reyes, con una cena exquisita y al lado de un río salvaje cuya corriente hacía muy difícil el tomarse un baño, menos para los guías, que se movían como pez en el agua a la vez que fumaban como carreteros. “El tabaco aquí es muy barato. Menos de 1€ la cajetilla”, comenta Johnny, que conforme fuimos ganando confianza nos contó la anécdota más divertida del viaje: “hace dos años ligué con una holandesa y era mi primera vez, por lo que cuando fue a meterse mi banana en su boca la pegué un manotazo pensando que me iba a morder como los monos”.

 

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Uno de los guías, pensativo en el campamento

 

Tras pasar la noche casi en la itemperie, nos bañamos en una cascada antes de bajar al pueblo haciendo rafting en unos flotadores enormes. Tanto Johnny como Jimmy, los más “salaos” de los guías, nos maquillaron con arcilla de las piedras y nos vistieron al más puro estilo hawaiano.

 

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Del 16 al 18 de mayo. Isla Gili Trawangan (Indonesia)

 

Tras pasar la noche en Bali, donde solo nos dio tiempo a ver el barrio de Kuta (similar a Benidorm), cogimos un barco rumbo a la isla Gili Trawangan. A diferencia de Langkawi, Gili es mucho más paradisiaco, con un ambiente festivo y más internacional.

 

gili

Gili Trawangan

Tuvimos la oportunidad de conocer a varios estadounidenses que, como otras personas de Alemania o Australia, dedicaban un año sabático a viajar por Tailandia, Camboya, Vietnam, Malasia e Indonesia. Toda una aventura enriquecedora que desgraciadamente no nos podemos permitir en España.

 

Uno de esos afortunados estadounidenses, de San Francisco, nos contó en el viaje de vuelta a Bali que al ser su cumpleaños, en un curso de buceo scuba, la monitora le dio un beso en la boca debajo del agua para felicitarle. Bonito, ¿verdad?

 

Aunque hicimos una excursión de Snorkel, desgraciadamente ninguno de nosotros vivió una historia parecida. Pero nos hartamos a ver atardeceres, a bailar por la noche con unos indonesios y a matar cucarachas en el albergue. 

 

atardecer en gili

Viendo el atardecer en Gili

 

Del 18 al 21 de mayo. Ubud, pueblo de Bali (Indonesia)

 

Para la última etapa del viaje, la más sagrada, contratamos a unos guías (un matrimonio y su sobrino) que a cambio de un buen precio nos enseñaron muy bien Ubud. Disfrutamos de la Danza Barong y de parte de los más de 10.000 templos hinduistas de la zona; de ahí a que se conozca a Bali (que en indonesio significa “ofrenda”) como la Isla de los Dioses. No en vano, destaca que aunque el 90% de Indonesia es musulmana, en Bali, en cambio, el 80% de sus habitantes son simpatizantes del hinduismo. 

 

 

besakih mother temple

Besakih Mother Temple

 

No es de extrañar que Bali signifique “ofrenda”, ya que es difícil no toparse con alguna en cualquier parte: tiendas, coches, árboles y por supuesto, templos. Esta tradición es considerada como un símbolo de piedad y gratitud.

 

ofrendas

Un hombre pone una ofrenda en un templo de Ubud

 

También tuvimos tiempo de descubrir, gracias a los guías, cómo vive una familia típica en Bali. Es raro no ver un pequeño templo en cualquier casa de clase media e incluso algunas de ellas se permiten vender Café Luwak, es decir, el más caro del mundo y que es obtenido de granos que, tras ser ingeridos por la Civeta, pasan por su tracto intestinal y son expulsados entre sus heces. El precio de un vaso ronda los 3.50€ y para mi gusto es más fuerte de lo normal y un poco afrutado. Merece la pena probarlo. 

 

cafe

Café Luwak

 

Lo último que destacaría de Ubud, además que es de los pocos sitios donde tuvimos oportunidad de comprar algún detalle, son sus gigantes campos de arroz. Al más puro estilo de la película de “El Último Samurai”. Sin embargo, en la última noche de nuestro viaje, no fue arroz lo que cené en Fair Barung Bale, un sitio para cenar altamente recomendado en Tripadvisor y por nosotros. El dueño es un suizo afincado en Indonesia desde hace años que invierte una gran parte de los ingresos del restaurante a su ONG. Una labor social encomiable. 

 

campos de arroz

Campos de arroz en Ubud

 

Conclusión

 

Me acuerdo de hablar con Javi, uno de mis compis de viaje y a quién por cierto rompí sin querer un diente en una fiesta en la selva, que este viaje sería muy reflexivo para tomar decisiones en España. Pero vi tantas cosas, era tan diferente todo aquello, que acaparaba toda mi atención y esa curiosidad infantil que creí perdida. 

 

Si he publicado este post un mes después, fue porque sucedió algo inesperado. Al regresar a Madrid, debido a una reestructuración laboral, perdí mi puesto de trabajo. Y aunque al principio me entristecí, ya que han sido tres años dando mi mejor nivel en la empresa para ser despedido de esa forma, he de decir que estoy feliz. Quién sabe, quizás es la magia de Malasia e Indonesia que empieza a tomar decisiones por mí. Ahora es mi turno. Terima kasih! o en Indonesio, ¡muchas gracias!

 

yo

 

Agradecimientos 

 

Un viaje se recuerda para siempre no solo por el sitio que visitas, sino por la gente con la que vas. Y en este caso, no puedo estar más agradecido a Carlos, por acogernos, aconsejarnos y acompañarnos, a Inés, por guiarnos la mayor parte del tiempo, a Ana, con Inés la gran tesorera del grupo y la número uno en fotografía y a Javi, por su paciencia conmigo todo el tiempo y por invitarme a unirme en esta aventura. Gente TOP!

 

templos

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Soñar más que un burro


“Petra sueña más que cualquier persona”. Son palabras de un vecino de Valmeo, una pequeña localidad situada en la provincia de Cantabria. Petra no es su mujer, ni su madre o nieta. Es una burra feliz, porque acaba de ser mamá de Romero y según su dueño, sueña, como el resto de los burros, mucho más que los humanos.
Lagos de Covadonga

Lagos de Covadonga

El día siguiente, en los Lagos de Covadonga (Asturias), di con un puente rodeado por una intensa neblina. El enclave invitaba a soñar tanto o más que Petra, pero, porque soy humano, lo primero que pensé fue qué habría al otro lado.
¿Somos más felices que los animales?

¿Somos más felices que los animales?

Ser racional es lo que nos convierte más inteligentes que los animales. Pero, ¿de verdad nos hace también más felices? A pesar de mi convencido ateísmo, dejé de hacerme estas preguntas en el cementerio de Maeztu (Vitoria), donde visité, por primera vez, las tumbas de mi tatarabuelo Leoncio y de mi bisabuelo Julián. Los dos vivieron una larga vida, pero afrontaron momentos muy duros en la historia española, como la Guerra Civil.
tumba de mi bisabuelo

Tumba de mi bisabuelo

tumba de mi tatarabuelo

Tumba de mi tatarabuelo

¿Con qué soñaban Leoncio y Julián? Y sobre todo, ¿qué preguntas se hacían? Mi pregunta, evidentemente por delante de por qué sueñan tanto los burros, es en realidad una reflexión: lo que (no) hemos vivido y lo que nos queda por vivir. La llama de dos seres muy queridos se está apagando (una se apagó mientras terminaba este artículo, la otra ojalá que siga con mucha luz) por causas que, a pesar de nuestra inteligencia, todavía no sabemos controlar del todo. Es muy frustrante, porque les queda mucho por soñar, les queda mucho por vivir.
Petra y Romero

Petra y Romero

Y eso hace que me entren ganas de preguntar a Leoncio y Julián en qué consiste esto. Pero no están. Los burros, me dice el vecino de Valmeo, “están en peligro de extinción”. Sé que el racional soy yo, pero me da pena, primero por la belleza de este animal, y segundo, porque Petra todavía no me ha enseñado a soñar. A soñar como un burro con que todo esto no es más que una pesadilla.

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Mind the gap


Mientras la señora Oswald se empeña en recuperar la voz, los demás estamos decididos en apagarla con los smartphones

 

El metro de Londres, el más antiguo del mundo (1863), es especial por muchas cosas. Tanto, que ni los atentados del 7 de julio de 2005 pudieron con él. Pero hay una estación que esconde una historia fabulosa y de la que nunca supe durante mi estancia en la ciudad que tanto amo, pero a la que cada vez añoro un poco menos: Embankment.

 

Antes de entrar en ella con la Oyster card, en mayo, justo cuando tenía pensado volver a Londres, conseguí mi primer contrato de trabajo como periodista en España. Algo por lo que debía –y debo- estar feliz, aunque no podía hacer nada más que lamentarme. Y todo por no poder repetir mi experiencia en tierras británicas. Fue entonces cuando recibí estos consejos de mi gente:

 

  • El Londres que tú conociste ya no existe, está en tu cabeza

  • Haz que donde estés sea tu Londres (en ello estoy)

  • Poco a poco las cosas llegan

  • Solo tienes que darle tiempo a la vida

embankment

Tiempo. Hace mucho tiempo que Laurence Oswald grabó la mítica frase de ‘Mind the gap, please‘ (Cuidado con el hueco, por favor) para advertir, desde 1960, de que los usuarios del metro tuvieran cuidado de no meter el pie en el hueco que separa el coche del andén. Y cuando falleció en 2001, la viuda del señor Oswald, para no olvidar la voz de su difundo esposo, se acercaba cada mañana a la estación. Hasta que la voz se apagó en Embankment, estación situada cerca del río Támesis y en la que tantas veces fui de fiesta con mis amigos.

 

Uno de los portavoces del Tfl (Transport of London), explicó el año pasado que la viuda de Oswald Laurence se puso en contacto con ellos para ver si podía obtener una copia del icónico  ‘Mind the gap’ que su marido grabó hace más de 40 años.

 

Es curioso, pero mientras la señora Oswald se empeñó en recuperar una voz, nosotros parecemos decididos a perderla con el uso de los smartphones. Y así lo ha querido reflejar el fotógrafo londinense Babycakes Romero, quien se dedica a capturar imágenes cotidianas que reflejen los comportamientos dominantes en la sociedad. Entre sus proyectos, está el de personas centradas en sus móviles sin interactuar con los que están a su alrededor. 

fotos de Babycakes Romero

Fotos de Babycakes Romero

 Según, Romero, lo que pretende transmitir es:

 

Antes de que se inventaran los teléfonos móviles la gente no tenía más opción que interactuar. Sin embargo, eso ya no es necesario porque podemos “fingir” que estamos haciendo algo “importante” en nuestros dispositivos en lugar de pensar en algo interesante que decir. Esto está matando la conversación y creo que es una lacra para la sociedad”.

 

Quizás Laurence Oswald se repetía mucho con ‘Mind the gap, please’ y no tenía nada más interesante que decir, pero sus palabras, mejor dicho, su voz, llegó al corazón de su mujer. Y al mío. 

Los últimos hombres del paleolítico


En pleno siglo XXI hay hombres cuyo estilo de vida se ha congelado en el tiempo. Concentradas sobre todo en el Amazonas, decenas de comunidades viven apartadas de Occidente. Son las tribus perdidas

 

¿Te acuerdas cuando teníamos dudas? Es una frase que un colaborador de Milenio 3 (Cadena Ser) utilizó para hacer referencia a la dependencia que tenemos, cada vez más preocupante, de la tecnología. No importa si no recordamos el nombre del artista que compuso tal canción o si olvidamos la calle donde se vendían esos crepes tan deliciosos, el móvil lo hará por nosotros en cuestión de segundos. Gracias a este aparato nos movemos como pez en el agua. Puede controlar nuestro sueño e incluso las calorías que gastamos al andar. Pero si nos lo quitan o simplemente se le acaba la batería, sufriremos ansiedad, estrés o alteraciones del estado de ánimo según los últimos estudios.  

La misma sensación tenemos cuando estamos en la jungla. Aunque nuestros descendientes provienen de ahí, nos movemos con torpeza en un ámbito donde no importa un móvil con su equipo al completo, sino las habilidades puramente humanas. Construir una balsa, degollar un animal o preparar una hoguera. Ahí somos desorientados, dependientes y débiles por naturaleza. Véase la Guerra de Vietnam (1955 – 1975), donde Estados Unidos no sólo se enfrentó a un país, si no a un enemigo más peligroso: la selva.

Tribus

Hay más de 150 tribus en todo el mundo que no tienen contacto con el exterior. La mayor parte de ellas se encuentran en el Amazonas.

Y es que, en un mundo donde el ser humano de Occidente ansía tener y controlar todo, hay cosas que aún se nos escapan. Sabemos que hay grandes almacenes, rascacielos y vehículos en todos los países, pero a día de hoy, en pleno siglo XXI hay corazones latiendo que no conocen estos progresos y que llevan un estilo de vida similar al del Paleolítico. Hablamos de unas comunidades cuya única responsabilidad es su propia supervivencia con lo que la naturaleza les ofrece. Exentos del uso del móvil, el ruido de un avión o la prensa rosa. Son las tribus perdidas, los últimos hombres libres del paleolítico. Un viaje a la prehistoria.

La película Avatar, de James Cameron, motivó a muchas personas a investigar más sobre las tribus perdidas según un estudio confirmado por el programa de misterio Milenio 3 (Cadena Ser). Pero este tema ha apasionado a miles de personas a lo largo del último siglo que incluso han dado su vida por llegar lo más lejos posible.

Algunas escenas de Avatar motivaron a muchas personas a investigar sobre las tribus perdidas.

Entre esos exploradores se encuentra el antropólogo británico Oliver Byron Borough. En 1978 Byron se adentró en la zona selvática de la frontera entre Ecuador y Perú con el objetivo de descubrir las tribus. El inglés consiguió contactar con una de ellas y no se le volvió a ver. Según las teorías más extendidas, le consideraron como un enemigo y fue ejecutado.

El último explorador célebre que pasó a formar parte del extenso elenco de exploradores perdidos fue el biólogo noruego Lars Hafskjold, quien intentó buscar con ahínco la tribu de los Toromonas en Bolivia, cuya existencia se tiene constancia desde el siglo XVI. Una vez en la selva, Lars decidió continuar su aventura sin su acompañante y desapareció. Las hipótesis apuntan a un secuestro, accidente en el río  e incluso a que pasó a formar parte de los Toromonas como sacerdote blanco.  

La tribu más famosa. El caso de los sentinel

El terremoto del océano índico en 2004 dejó muchas fotografías. Personas, hogares y pueblos arrasados coparon las portadas de los periódicos. Sin embargo, hay una imagen que conmocionó a todo el mundo: el retrato de los sentineles. Alejados del mundo exterior durante 60.000 años, esta tribu fue fotografiada por un helicóptero que sobrevolaba las islas de Andamán. Los sentineles, sorprendidos por ese invasor de hierro, respondieron con flechas ante el asombro de los pilotos.

Sentineles

Panorámica de los sentineles con flechas desde el helicóptero en 2004

Resulta inverosímil que en un mundo que creemos totalmente controlado, sigan habiendo alrededor 150 grupos en diferentes rincones del mundo que no saben nada del hombre occidental.

Perfil de los indígenas

Carlos Llandres, quien fue colaborador de la mítica serie “El hombre y la tierra”, dirigido por Félix Rodríguez de la Fuente, es un experto en los misterios que contiene la selva. Llandres tuvo la oportunidad de contactar con ese otro mundo y en la primera vez que intercambió conocimientos con una cultura primitiva, aseguró que se convirtió en otra persona. “Si quieres saber quién soy. Si quieres saber qué conozco, olvídate de quién eres y olvida lo que sabes porque si no vas a seguir pensando de nosotros que somos de una forma determinada. Quédate en blanco y te podemos enseñar quiénes somos”. Cuando Llandres escuchó estas palabras del Chamán y olvidó todos esos prejuicios, descubrió que las personas que formaban estas comunidades eran gente maravillosa e idénticas a nosotros en un entorno diferente. Sin embargo, también pueden ser feroces por la amenaza de mercenarios en búsqueda de oro y diamantes en estos territorios vírgenes. Riquezas que les pertenecen y que la codicia de occidente les intenta arrebatar. Para defenderla, los indígenas se mueven invisibles en la selva. Con el fin de evitar cualquier malentendido con las tribus, Llandres aconseja tener un comportamiento natural y noble en un territorio donde siempre te estás jugando la vida.

Chamán en el Amazonas

Los poderes de los indígenas siguen siendo un misterio

Otra persona importantísima  en éste ámbito casi de lo desconocido es el documentalista  y periodista José Manuel Novoa, quien aseguró que los indígenas, tan mimetizados con la naturaleza, no han perdido los poderes ni las facultades mágicas que la ciudad ha devorado en nosotros. Cosas cotidianas para ellos que para nosotros no tienen explicación.

Con magia o sin ella, resulta fascinante y misterioso que aún existan tribus perdidas en un mundo que creemos perfectamente conquistado. El afán del hombre occidental por seguir superándose día a día nos lleva a adentrarnos en el espacio y en las profundidades del mar. Pero no hace falta nada más que mirar de frente para contemplar la belleza de unas comunidades que nos enseñan en primer persona quienes fuimos miles de años atrás. Y así lo seguirán haciendo hasta que nuestra torpeza y codicia interfiera sobre ellos. De momento, la selva; la madre naturaleza les protege. Son los últimos hombres del paleolítico.

Salchichas y adrenalina


Se suponía que con el nuevo milenio comenzaba una época mejor. El Euro, una Europa más unida. Aún recuerdo pagar mi último bocadillo de salchichas con kétchup en 3º de la Eso con pesetas. Por entonces, envidiaba a los adultos porque recibían dinero, lo que para mí era una paga, a cambio de trabajar durante unas horas; mientras que yo tenía que hacer los deberes y asistir a clases extraescolares después de la jornada escolar. Joder, ¡cómo añoro esos tiempos!

Ahora, 12 años después, muchos niños no pueden asistir a Kárate, clases de inglés o ni siquiera a un colegio en condiciones, ya que su padre y/o madre y/o hermano mayor están sin trabajo por culpa de una crisis económica que parece estar convirtiéndose en una estabilidad -inestable- económica. ¿Es una crisis o un cambio mundial como opina el presidente francés François Hollande? No lo sé, pero siento que nos estamos acostumbrando a estar en la mierda. Ya me lo advirtió una camarera española de mi hotel: “no te acostumbres a ser kitchen Porter o a un empleo tan bajo. Tú vales mucho más”. Me hizo reflexionar y decidí dimitir unas semanas después para estar con mi familia en Navidades y volver a Londres con más ganas, aún, de conseguir el éxito. Porque eso es lo que nos une a todos los extranjeros que llegamos a esta ciudad. Vivimos en pisos compartidos, algunos como yo, en albergues; estamos lejos de nuestras familias, aprendemos inglés como podemos, trabajamos en el sector de la hostelería y nos vamos olvidando paulatinamente de lo mal que está nuestro país de origen. Eso se podría acercar al éxito y a mi me encanta. Se trata de una adrenalina necesaria. No me importa despertarme a las 7:30 para ir a la academia, salir a las 12:00 para ir al gimnasio y comer rápido para terminar el día limpiando platos (aunque preferiría otra cosa) hasta las 23:00 horas. Me llena mucho.

¿Quieres adrenalina? Ven a Londres

Sin embargo, al hablar con compañera de trabajo de Room Service, procedente de Turquía y de 61 años, sale a la palestra otra reflexión que se resume en una palabra: sacrificio. Esta mujer lleva décadas trabajando en la hostelería y como consecuencia, no tiene un horario fijo de trabajo, pocas veces ha celebrado unas navidades con su familia y arrastra un problema en la pierna desde hace algún tiempo. “If you have a job like this, you must know that you have to sacrifice some things although your salary could be quite good”, me dijo.

Quizá por ser mi día de libre me sienta vago pero aún no logro comprender al ser humano y me pregunto, desde hace algún tiempo, si la felicidad consiste en trabajar casi 50 años de nuestra vida, aunque mi generación no podrá decir eso desafortunadamente, rodeados de estrés y alejados, al menos durante ocho horas diarias, de las personas que más queremos. Fabrizio, mi compañero italiano de habitación, ha estudiado y trabajado como ingeniero. “En Milán llegué a ganar 1500 euros pero era una rutina muy estresante. En Londres, de camarero, cobro casi lo mismo y estoy mucho más relajado”. Es un paso más a lo que intento explicar. En mi caso, me encanta mi profesión, Periodismo, pero creo que podría ser mucho más feliz con una casa construida con mis manos y unos alimentos sembrados y recogidos por mí hasta que mis fuerzas resistieran. O también con un chiringuito en Tenerife. ¡Calidad de vida man!

¿Por qué nos jubilamos a los 65 años? A esa edad somos más débiles, no tenemos el hambre de la juventud y asumimos que estamos en la recta final. ¿Es fruto de la ambición humana? ¿O de la ignorancia? ¿Para qué malgastar tantos años y energías de nuestra vida cuando podríamos cubrir nuestras necesidades básicas de otras formas más sencillas?

No sé si me explico. O no sé qué nos pasa. Pero ya no soy el único que piensa que hace unos años, la felicidad consistía en trabajar de lo que tú querías, tu vocación. Ahora, fruto de las circunstancias, creo que la felicidad, o al menos la estabilidad, es tener un trabajo digno que te permita ser medianamente autosuficiente y disfrutar de la vida hasta que la marea se calme. Al menos, para comparte un bocadillo de salchichas y pagar, esta vez, con euros (o libras). Como para irme de Londres. Aquí hay salchichas y adrenalina. Y mi depósito no está lleno. 

Bienvenidos al Titanic Hostel


Después de cumplir un mes como Kitchen Porter en uno de los diez hoteles ***** (Paris, hija, paso de poner el nombre) que hay en Londres, esta experiencia me ha servido para hacer las ya comunes y excéntricas comparaciones que suelo realizar en el blog.

Allá por el 15 de agosto acudí a una entrevista pactada un mes antes con Jaroslaw, un polaco que puso un anuncio en el forolondres con un perfecto castellano. Jaroslaw me cogió por tener estudios y cabeza y no sólo músculo, aunque he de añadir que le entregué dos currículum: uno que refleja mi verdadero progreso en el ámbito académico y laboral; y otro tuneado con supuestos trabajos de bar man y reponedor. Él valoró sólo el primero. Y yo le agradecí enormemente que por primera vez, alguien respetara en esta fucking city más de siete años recogidos en una hoja de papel. Además, Jaroslaw mencionó que los dos nacimos el mismo día, el 5 de agosto, y que Leo, como signo del zodiaco, es fuerte, orgulloso, con carácter y trabajador.

Minero de lujo

Nunca mejor dicho. Trabajo, generalmente, seis días a la semana, de 15:30 a 22:30 horas a 6.08 pounds la hora, porque por ley no me pueden pagar menos. Un cocinero español del área en el que estoy, room service, consciente de nuestra situación, me insinuó si como periodista no podría hacer algo. Supongo que desahogarme en Lagunas y apretar los huevos.

Nadie me obliga a seguir aquí, por supuesto, pero quiero demostrarme a mí mismo de lo que soy capaz, aunque mentalmente sea difícil. He pasado de escribir noticias de Paris H. en los 40 principales en 2010 a limpiar para ella en 2012. He pasado de trabajar para una gran consultora a nivel nacional e internacional, a quitar preservativos usados que los clientes, sobrados de dinero pero no de saber estar, depositan en el recipiente que mantiene frío el champán. Como le dije al cocinero, nuestro trabajo se puede equiparar al de los carboneros (no Sara) que estaban en las calderas del Titanic, ya que estamos llenos de mierda en un sitio de lujo, nos encontramos en la última planta y, si pasa algo, somos los primeros en palmarla -o en recibir las críticas mejor dicho-. Y eso que en mi primer día de trabajo hicimos un simulacro de incendios…

Las inmensas calderas del Titanic

En fin, hay que ser fuerte. ¡Soy Leo! What the fuck! Ladies and gentlemen, welcome aboard the Titanic Hostel (que no hotel).

Tic tac


Son las tres de la mañana. Desvelado y con las luces apagadas, escucho Londres, una ciudad que nunca duerme a diferencia del plácido pueblo madrileño de donde provengo, Mejorada del Campo. No es que tenga problemas de insomnio. Es esa vaga sensación de que es imposible descansar al cien por cien en este lugar al que yo llamo ginkana.

Y es que, Londres no hace más que ponerte a prueba. Y no sólo en los trabajos (trial shift) sino en todas las decisiones que tomas diariamente. Supongo que en eso consiste la madurez. En tomar decisiones, pero también en conocer nuestros límites.

De eso saben mucho Usain Bolt y Neil Armstrong. ¿Qué tienen en común ambos personajes? No me desafiéis también vosotros. En otra ocasión comparé a Marco Simoncelli con Manolete en “La velocidad del tabaco”. Volviendo al quid de la cuestión, a raíz del sorprendente y reiterado caso de Doña Cecilia Giménez, el diario La Razón ha publicado un artículo en el que recuerda que, según, Andy Warhol, todo el mundo tiene derecho a tener quince minutos de fama, aunque la anciana reniegue de ella.

Usain Bolt

Sin embargo, Bolt y Armstrong son famosos y han sabido convivir con el éxito y el reconocimiento. Uno, por ser el hombre más rápido del planeta, y además reincidente, y otro por ser el primer ser humano, y por ende también el más “rápido”, en pisar la luna en 1969. Mientras el atleta jamaicano triunfó hace unas semanas en los Juegos Olímpicos de Londres, el histórico astronauta falleció el pasado 26 de agosto a causa de una complicación postoperatoria.

Tanto Bolt como Armstrong pasarán a la historia por cuestión de segundos. ¿No es maravilloso? Ya sé que detrás de esos segundos, de esa primera huella en la luna y esos 9,72 en los 100 m lisos de Pekín 2008, sin olvidar su hazaña en los 200 m, existe una ardua, exigente e intensa preparación, pero no deja de ser fascinante de lo que es capaz el ser humano en un periodo tan breve de tiempo.

Sin embargo, otros han necesitado casi un año para darse cuenta de su incompetencia e inoperatividad, como la Policía Científica en el caso de Ruth y José, al confundir los huesos de los pequeños con los de roedores; o la clase trabajadora de España, ya que, como bien dijo la revista El Jueves en marzo de 2012, el gilipollas de la semana es la clase trabajadora que votó al PP, por pecar de ingenuos creyendo que saldrían ganando con un cambio de Gobierno.

Hablando de tiempo, son las 3:45 en Londres. Me voy a dormir pensando en una de mis frases célebres preferidas: “No cuentes el tiempo. Haz que el tiempo cuente”.

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