Sobre la soledad

El aterrizaje en el trabajo después de las vacaciones navideñas siempre es complicado. Es 3 de enero, pero la rutina diaria en la oficina no vuelve hasta el 8, lo que permite de forma intermitente pensar en los últimos regalos de Reyes y echar un vistazo a las redes sociales. No pasa nada, entre otras cosas soy Community Manager.

 

Es en Twitter precisamente, donde el perfil de Imágenes Históricas (@HistoriaenFotos) me recuerda una frase de Robin Williams (el actor): “Siempre pensé que la peor cosa de la vida era estar solos; no lo es. La peor cosa es estar con alguien que nos hace sentir solos”.

 

Robin Williams

Robin Williams

 

La Navidad es la época perfecta para reflexionar sobre la soledad. En realidad, en mi caso, cuando mayores momentos de lucidez tengo es a final de año. Doy muchas vueltas a las cosas. Pero cuando estás 6 semanas de baja por una fractura de peroné, desde el 6 de octubre, la inactividad obliga a adelantar ese periodo de reflexión y a mantener la cabeza ocupada.

 

Una de las cosas que hice fue digitalizar 34 cintas de 8 mm que mi padre grabó entre los años 1988 (un año después de mi nacimiento) y 1998. Recuerdos que teníamos almacenados en el garaje pero que se iban desvaneciendo en nuestra memoria. Así que contacté con una empresa en Plaza de España que digitalizó las cintas en un disco duro que a su vez poco a poco fui grabando en DVDs. Era la única posibilidad que teníamos de recuperar esas cintas y el resultado fue fantástico.

 

Una de las 34 cintas

Una de las 34 cintas

 

El vídeo es un formato que me encanta. En cierta medida, muestra como es una persona, su expresión, sus tics, sus movimientos, su sonrisa… Y muchas de esas personas de esos vídeos ya no están con nosotros. Algo que emocionó a mis abuelos casi nonagenarios. “Da pena de verlo, pero es bonito”, dijo mi abuelo mientras observaba las imágenes de sus padres y sus hermanos. Tanto él como mi abuela ya han perdido a todos sus hermanos (2 y 7 respectivamente). Y en cierta medida, es una de las razones por las que, a mi abuela, y otros familiares muy cercanos, ha perdido el entusiasmo por estas fiestas: “cada año las Navidades son peores, ya que solo tenía sentido cuando estábamos todos”, comentó hace unos años. 

 

Sin embargo, por un lado, tal y como aprendimos de Robin Williams, también nos podemos sentir solos rodeados de gente (¿cuántas reuniones y encuentros se habrán hecho en navidades solo por compromiso?). Y, por otro lado, siempre tendremos a los que han venido (parejas, bebés…) y los que están por venir, algo que solemos recordar en los brindis.

 

A pesar de todo también se puede disfrutar de la soledad. Aunque dudo mucho que en Navidades. Quién disfruta de la soledad, realmente lo hace de los momentos de soledad porque es afortunado y en general está rodeado de personas con las que se siente querido. Aún recuerdo las palabras de Pedro Sorela, uno de mis profesores de Periodismo fallecido recientemente a causa de un cáncer: “Mi música favorita es el silencio”. 

 

Quién realmente está solo, uno de los problemas importantes que tiene España debido al envejecimiento de la sociedad, no creo que llegue a disfrutar de esos momentos de soledad. Simplemente se resigna a ellaEs algo en lo que pensé en algunas de las mañanas durante mi baja laboral.

 

En mi barrio, entre Pacífico y Conde de Casal, es muy común ver a personas de avanzada edad. Hay dos casos que me llaman la atención, el de una mujer de movilidad reducida que sale todos los días arreglada con su andador y su perro, y el de un hombre/mujer (desde la distancia no consigo distinguir su género) que suele fumar pipa con su mantita y su gorro en la terraza de enfrente. Este último caso me llamó la atención, ya que era una mañana gélida y las vistas desde esa terraza no son muy bonitas, por lo que fotografié el momento como pude en muletas.

 

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Anciano/a fumando pipa enfrente de mi casa

 

Una vez me preguntaron qué me daba miedo. y a parte de las avispas, dije la soledad. La soledad deberá ser una opción, no una imposición. Pasear por el campo, nadar, leer un libro, tomar un café… hay muchas formas de disfrutar de los momentos de soledad. 

 

Hoy va a ser que no. Mi madre cumple 59 años. 11 si contamos de otra forma. Y lo celebraremos juntos. Con el calor que da la compañía y el cariño, ya sea con la familia política en Noche Buena y Noche Vieja (supercó expreh) o con la de toda la vida. Y a veces todos juntos y revueltos. 

 

Con la felicidad que da, a pesar de tener momentos malos (porque es inevitable tenerlos), estar con mi novia, con mis padres, con mi hermana, mis yayos, mis tíos, con mis primas…

 

Lo único que quiero, lo único que pido para Reyes es poder seguir disfrutando de eso. Desenvolver ese regalo cada año aunque sepa que me voy a encontrar. Como dos camisetas básicas de H&M que te pruebas y te compran para ponerlas debajo del árbol. 

 

Felicidades Mamá. TQM.

 

Feliz año a todos.

 

Diego.

 

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Acerca de Diego Ochoa de Alda
"Un blog es un grito, quien sabe si a sí mismo, para expresarse y contar lo que, con voz, a veces uno no se atreve a contar".

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