A lo largo del año son frecuentes los homenajes realizados en Alemania, Normandía y otros lugares del mundo que sufrieron las durísimas consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, no se escucha lo suficiente a las víctimas del mayor conflicto bélico de la historia; unas víctimas que dejaron su sello en sus diarios personales (o posteriores autobiografías), pues no gozaban de la libertad actual para expresar sus opiniones, sentimientos, miedos o inquietudes. Era el caso de la Alemania nazi, que organizó una espléndida propaganda científica que requerirían muchos artículos aparte.

Pero de eso ya se ha escrito mucho y año tras año los profesores de colegios, institutos y universidades se encargan de recordarlo. Sin embargo, tan importante es no olvidar como conocer y qué mejor forma de aprender historia que invadir por un momento la intimidad de personas que convivieron en un campo de concentración, se escondieron durante meses de la Gestapo o escucharon las bombas y disparos que hacían peligrar su vida en cada segundo.

Es el caso de Anna Frank, Primo Levi y Petter Moem, tres personas que nunca se conocieron entre ellas y quizás ni a sí mismas. Ellos serán los protagonistas del tercer artículo de Lagunas del periodismo.

Empecemos por Primo Levi. Nacido en Turín (Italia) en 1919, Primo se licenció en Química en 1941. Su condición de judío le supuso ser entregado a la Gestapo e internado en el complejo de campos de concentración más grande del régimen nazi: Auschwitz (Polonia), en el que estuvo internado desde febrero de 1944 hasta la liberación del mismo en enero de 1945, cuando las tropas rusas llegaron en Polonia.

AuschwitzAuschwitz

Desde su retorno a Turín en 1945, Primo Levi quiso compartir con el mundo su trágica experiencia con entrevistas, conferencias y sobre todo con varios libros autobiográficos. La diferencia de este personaje con Anna Frank y Petter Moem es que no disponía de papel para plasmar sus impresiones, sentimientos, vivencias…pero gracias a sus conocimientos y gran memoria, Levi escribió en 1946 una obra imprescindible: Si esto es un hombre; aunque no llegó a publicarse con una gran editorial hasta 1956, cuando el público se empezó a interesar por el exterminio judío.

Podría decir que el libro explica las condiciones de Primo y los demás compañeros en Auschwitz, los tipos de prisioneros, los funcionarios, el día a día…pero prefiero adjuntaros un párrafo de la página nueve que incite a la reflexión y a la lectura de esta maravillosa obra:

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:

Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.

Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.

O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

PrimoLeviPrimo Levi

Levi escribió otras piezas como La tregua (1963), en la que narra su regreso a pie desde Auschwitz hasta Turín o Los hundidos y los salvados (1986), un análisis del universo de los campos de concentración que significó su última obra.

El 11 de abril de 1987, Primo se arrojó al vacío por el hueco de la escalera de su casa en Turín y aunque el juez dictaminó tal acción de suicidio, algunos de sus íntimos y diversos biógrafos lo siguen cuestionando. El mismo día de su muerte, la viuda del escritor comentó que “estaba cansado de la vida”. Los apasionados de la historia, aquellos que deseen conocer los límites del hombre o simplemente leer un buen libro nunca se cansarán de sus obras.

Petter Moen y Anna Frank, a diferencia de Primo Levi, escribieron sus diarios pero nunca los vieron publicados.

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