Con 22 años se pueden hablar de pocas cosas con conocimiento, experiencia y sabiduría. Una de ellas es la mejor época de la vida: la infancia. En Lagunas del periodismo echaremos una mirada nostálgica a nuestros años de niñez para comprender cómo y cuánto ha cambiado la sociedad actual.

De esta forma, se puede analizar el ámbito educativo, sociológico, tecnológico, o el de ocio y tiempo libre, aunque empezaremos con un dato alarmante: según el Ministerio de Sanidad el 16% de los niños españoles son obesos, convirtiéndose, por detrás del Reino Unido, en el país con mayor índice de obesidad infantil en la Unión Europea. Por ende, el primer problema es el de la alimentación si se tiene en cuenta que hace 15 años sólo el 5% de los niños españoles padecía esta enfermedad.

¿A qué se debe este crecimiento?

La respuesta más sencilla, si me permiten un toque de humor, es que en España se come muy bien. Pero la raíz de la epidemia la encontramos en el sedentarismo y en la inactividad física más que en los hábitos alimenticios, aunque lleve la contraria a los especialistas del tema. En efecto, los niños de los noventa también comían bocadillos de chorizo, bollycaos y cuernos de chocolate, pero se criaban en la calle, donde bebían agua de la manguera, dejaban volar su imaginación construyendo cabañas, montaban en bicicleta, jugaban al rescate, a la liebre y a cualquier deporte.

Se trata de un cambio en el estilo de vida del que la tecnología ha tenido gran parte de culpa. Aunque muchos poseían una consola Nintendo o una Sega Mega drive, cuando hacían sus deberes, salían a jugar con la única condición de regresar antes del anochecer. No se localizaban por los móviles, sino por el telefonillo, por gritos o tirando piedras a la ventana. En definitiva, no tenían MP3, 99 canales de televisión por cable, cámaras de vídeo, ordenador ni Tuenti… tenían verdaderos amigos con los que compartir muchas experiencias, aprendían a defenderse de la vida, a respetar y comprender las leyes básicas de la sociedad.

Niños jugando

Con esto se intenta decir que no se ha sacado provecho de las ventajas de las nuevas tecnologías, como explorar, acceder a fuentes de información o la versatilidad en cuanto a las actividades académicas. De hecho, según El País Semanal del 29 de marzo de 2009, el 21% de los menores que utilizan Internet lo hacen para asuntos relacionados con sus estudios, mientras que el 51% lo hace para chatear, un 42% para jugar y un 39% para descargar películas y música.

Después de analizar el ámbito alimenticio, sociológico y tecnológico pasamos al educativo con otro dato preocupante: España tiene un 30% de fracaso escolar, el doble de la Unión Europea. Hace unos años repetir curso significaba optar a una segunda oportunidad en una sociedad más optimista que se esforzaba por conseguir sus objetivos. Sin embargo, hoy en día nos encontramos con personajes públicos que demuestran que, sin el más mínimo sacrificio, se puede conseguir algo en la vida o a determinados deportistas que, lejos de promulgar los valores originarios del deporte (autodisciplina, compañerismo, esfuerzo) denotan narcisismo y afán lucrativo entre otras cosas.

Finalizando la reflexión sobre la infancia, los jóvenes españoles se sienten presa fácil de la devastación laboral y el pesimismo actual y según una encuesta de Metroscopia del año pasado, el 54% de los españoles situados entre los 18 y los 34 años dice no tener proyecto alguno por el que sentirse interesado o ilusionado.

En definitiva, mucho hay que cambiar para que los niños de hoy vivan mejor que sus padres o incluso que sus hermanos mayores. Atrás quedan esas películas de Disney que nos hacían soñar, las tardes de domingo con toda la familia, los juegos colectivos, el respeto mayoritario a los profesores…la nostalgia de la infancia.

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