Salchichas y adrenalina

Se suponía que con el nuevo milenio comenzaba una época mejor. El Euro, una Europa más unida. Aún recuerdo pagar mi último bocadillo de salchichas con kétchup en 3º de la Eso con pesetas. Por entonces, envidiaba a los adultos porque recibían dinero, lo que para mí era una paga, a cambio de trabajar durante unas horas; mientras que yo tenía que hacer los deberes y asistir a clases extraescolares después de la jornada escolar. Joder, ¡cómo añoro esos tiempos!

Ahora, 12 años después, muchos niños no pueden asistir a Kárate, clases de inglés o ni siquiera a un colegio en condiciones, ya que su padre y/o madre y/o hermano mayor están sin trabajo por culpa de una crisis económica que parece estar convirtiéndose en una estabilidad -inestable- económica. ¿Es una crisis o un cambio mundial como opina el presidente francés François Hollande? No lo sé, pero siento que nos estamos acostumbrando a estar en la mierda. Ya me lo advirtió una camarera española de mi hotel: “no te acostumbres a ser kitchen Porter o a un empleo tan bajo. Tú vales mucho más”. Me hizo reflexionar y decidí dimitir unas semanas después para estar con mi familia en Navidades y volver a Londres con más ganas, aún, de conseguir el éxito. Porque eso es lo que nos une a todos los extranjeros que llegamos a esta ciudad. Vivimos en pisos compartidos, algunos como yo, en albergues; estamos lejos de nuestras familias, aprendemos inglés como podemos, trabajamos en el sector de la hostelería y nos vamos olvidando paulatinamente de lo mal que está nuestro país de origen. Eso se podría acercar al éxito y a mi me encanta. Se trata de una adrenalina necesaria. No me importa despertarme a las 7:30 para ir a la academia, salir a las 12:00 para ir al gimnasio y comer rápido para terminar el día limpiando platos (aunque preferiría otra cosa) hasta las 23:00 horas. Me llena mucho.

¿Quieres adrenalina? Ven a Londres

Sin embargo, al hablar con compañera de trabajo de Room Service, procedente de Turquía y de 61 años, sale a la palestra otra reflexión que se resume en una palabra: sacrificio. Esta mujer lleva décadas trabajando en la hostelería y como consecuencia, no tiene un horario fijo de trabajo, pocas veces ha celebrado unas navidades con su familia y arrastra un problema en la pierna desde hace algún tiempo. “If you have a job like this, you must know that you have to sacrifice some things although your salary could be quite good”, me dijo.

Quizá por ser mi día de libre me sienta vago pero aún no logro comprender al ser humano y me pregunto, desde hace algún tiempo, si la felicidad consiste en trabajar casi 50 años de nuestra vida, aunque mi generación no podrá decir eso desafortunadamente, rodeados de estrés y alejados, al menos durante ocho horas diarias, de las personas que más queremos. Fabrizio, mi compañero italiano de habitación, ha estudiado y trabajado como ingeniero. “En Milán llegué a ganar 1500 euros pero era una rutina muy estresante. En Londres, de camarero, cobro casi lo mismo y estoy mucho más relajado”. Es un paso más a lo que intento explicar. En mi caso, me encanta mi profesión, Periodismo, pero creo que podría ser mucho más feliz con una casa construida con mis manos y unos alimentos sembrados y recogidos por mí hasta que mis fuerzas resistieran. O también con un chiringuito en Tenerife. ¡Calidad de vida man!

¿Por qué nos jubilamos a los 65 años? A esa edad somos más débiles, no tenemos el hambre de la juventud y asumimos que estamos en la recta final. ¿Es fruto de la ambición humana? ¿O de la ignorancia? ¿Para qué malgastar tantos años y energías de nuestra vida cuando podríamos cubrir nuestras necesidades básicas de otras formas más sencillas?

No sé si me explico. O no sé qué nos pasa. Pero ya no soy el único que piensa que hace unos años, la felicidad consistía en trabajar de lo que tú querías, tu vocación. Ahora, fruto de las circunstancias, creo que la felicidad, o al menos la estabilidad, es tener un trabajo digno que te permita ser medianamente autosuficiente y disfrutar de la vida hasta que la marea se calme. Al menos, para comparte un bocadillo de salchichas y pagar, esta vez, con euros (o libras). Como para irme de Londres. Aquí hay salchichas y adrenalina. Y mi depósito no está lleno. 

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Acerca de Diego Ochoa de Alda
"Un blog es un grito, quien sabe si a sí mismo, para expresarse y contar lo que, con voz, a veces uno no se atreve a contar".

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