Preguntas sobre la religión, ninguna sobre mi fe

Antonio, Irene y yo. Fuimos tres las personas que soportamos durante años las tediosas clases de ética mientras mis compañeros de religión estudiaban a Moisés y compañía. Nunca me pregunté por qué, nunca cuestioné la decisión de mis padres ni la de los padres de mis amigos. Pero sabía que esas horas de asueto o en las que hacía los deberes pendientes eran un cúmulo de minutos tirados a la basura.

En la actualidad, desconozco las asignaturas que tendrá el Colegio Público Jarama de Mejorada del Campo (Madrid) al que asistí durante ocho cursos, pero me pregunto si la religión (y la ética, claro está) es necesaria como asignatura -sin ser suficiente la catequesis- o prevalece por delante de otras relacionadas con la creatividad o la alimentación. La primera, como expliqué en artículos anteriores, es fundamental en el proceso de aceleración histórica en el que vivimos y la segunda, en mi tesina, es considerada como un plan de acción para reducir los casos de trastornos alimentarios en los jóvenes. Porque en pleno siglo XXI se ha producido una curiosa paradoja; existe la desnutrición (véase Somalia) y la malnutrición (véanse los casos de anorexia, bulimia…).

Pero volvamos a la religión. No tengo dudas sobre mi fe, sino fascinación por cómo por una sola persona, de cuya existencia unos niegan, otros dudan y otros aseguran ser verídica, han nacido iglesias, obras de arte, conflictos entre países, mujeres dispuestas a pasar su vida enclaustradas en un convento o miles de enviados encabezados por el actual Papa (no el mío), Benedicto XVI. Y es que, como bien me dijo un amigo mientras charlábamos de este tema tan candente, Dios (el se refirió más bien a Jesús) fue el primer revolucionario.

Supongo que hace unos siglos estaría en la lista negra de la Inquisición. Pero sigo. Revolucionario es un término complicado que abarca muchas cosas. Dios, a quien el hombre, en su orgullo, creó a su imagen y semejanza como bien dijo Friedrich Nietzsche, fue el primer revolucionario porque, en teoría, trajo grandes cambios en su época que aún vemos en la actualidad y se enfrentó al poder establecido. Vale, tampoco hay que compararle con el Ché Guevara.

Friedrich Nietzsche

Sin embargo, ante un mundo cada vez más laico me pregunto cómo sería la sociedad sin religiones ni dioses. ¿Sería un mundo inmoral?, o en cambio, ¿Tendríamos menos conflictos y una mejor relación entre Oriente y Occidente? No lo sé, pero las palabras de Barry Koshim, autor de un estudio realizado en 2009 en Estados Unidos sobre la religión, reflejan muy bien mi postura: “Más que nunca antes, la gente simplemente está construyendo su propia historia sobre quién es… Dicen yo creo en mí mismo”. Así es, cuando tengo un problema, un objetivo, trato de afrontarlo y no implorar a un ente sobrenatural a que me ayude a resolverlo. No acuso a los católicos, budistas y demás colectivos religiosos de cobardes. Entiendo que muchas personas, en busca de consuelo, esperanza, y sosiego acuden a la suerte, porque Dios es una mera representación de la suerte.

Se quiere la felicidad, la paz, el compañerismo, la fraternidad y otros valores o sentimientos que se tienen que conseguir trabajando, no sólo cruzando las manos; porque al igual que el ser humano ha construido castillos, hospitales y ciudades, ha creado leyendas y mitos; mitos como Dios. Y aquí me acuerdo de una frase de Albert Einstein: “El azar no existe, Dios no juega a los dados”. Las cosas ocurren por algo.

No es que me quiera tatuar a Darwin en el brazo. Pero, continuando con las frases célebres del enigmático físico de origen alemán, “el hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir”. Y la ciencia avanza a pasos agigantados, pero a la vez insuficientes. Por eso, no es de extrañar que según la segunda entrega del barómetro de El País en el que analiza las instituciones con más credibilidad, los científicos, los médicos, la Universidad y los intelectuales estén en la cúspide, mientras que la Iglesia católica ha ido perdiendo gradualmente, como institución, el crédito que pudo haber logrado durante la transición a la democracia. “Creo en Dios, pero no en la Iglesia” me dijo hace poco un amigo muy cercano.

Para terminar, ahora que estoy especializado como periodista en un ámbito tan apasionante como es el de la salud, me pregunto si algún día existirá la cura del Alzheimer e incluso el elixir de la vida. Y es que, al igual que sucede con la religión, tengo muchas preguntas sobre la ciencia, pero ninguna sobre mi fe.

Quién sabe. Quizá algún día Madrid, España o incluso el mundo entero se paralice para realizar las JMC (Jornadas Mundial de la Ciencia), porque eso sí que afecta a todos y cada uno de nosotros.

*Os invito a leer un artículo del escritor Javier Marías en El País Semanal del 04 de Septiembre de 2011 con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Haz clic aquí