Condenado a recordar


La Hipermnesia es un trastorno de la memoria muy extraño que registra cada detalle en la vida como si de un ordenador se tratara. La imposibilidad de perder el control o la certidumbre, ¿nos convierte en personas infelices o simplemente diferentes?  

No me acuerdo de olvidarte

Pepe Domingo Castaño (Tiempo de Juego, Cadena COPE) uno de los emblemas de la radio española, insiste anualmente en la clave de la felicidad cuando se acercan las fechas navideñas: “Para ser feliz hay que tener salud y mala memoria”. Que cada uno lo interprete como quiera, pero parece ser que Pepe Domingo se refiere a recordar, pero paradójicamente después olvidar, lo importante que es pedir perdón y hacerse el estúpido en determinados momentos de nuestra vida.

 

Precisamente porque el ser humano no es estúpido, aunque a veces lo parezca, se han descubierto en los últimos años enfermedades que parecían improbables de diagnosticar ante la desesperación de los que la padecen. En el caso de este servidor, esto ha pasado con un familiar muy cercano que desde hace años tiene Fibromialgia, un trastorno que implica fatiga y dolores musculares en ocasiones insoportables. “Me dolía mucho la pierna, pero los médicos no eran capaces de decir lo que tenía ni cómo tratarlo”.

 

Bradwilliams

Brad Williams lo recuerda todo. Tiene Hipermnesia

Si una persona con HipermnesiaHipertinesa tuviera también Fibromialgia, sería capaz de recordar, no sólo el momento justo en el que empezó a tener los síntomas sino, y gracias –o por desgracia- a una memoria autobiográfica prodigiosa, la ropa que llevaba en ese día -hubiese sido hace un mes o hace 15 años-, la conversación que tuvo con su primo en el coche o el número de cucharadas de colacao que echó al vaso. 

 

Memento
Memento

Evidentemente, hay muchas formas de convertir esta enfermedad en una habilidad, ya sea en una profesión (como policía) o en la vida cotidiana para aclarar un hecho del pasado. Pero puede ser una carga difícil de soportar, ya que normalmente la mayoría de las personas recuerdan, a veces sin muchos detalles, los acontecimientos que suponen un hito en nuestra existencia. Sin embargo, los que tienen Hipermnesia recuerdan cada evento del pasado y de una forma algo obsesiva. 

 

En mi caso, recuerdo una película que vi en primero o segundo de Periodismo. Se llama Memento, estrenada en el año 2000, y cuenta la historia de Leonard, quien sufrió un trauma cerebral que le causó amnesia anterógrada, es decir, es incapaz de almacenar nuevos recuerdos. Una de sus frases recoge cinco palabras que dan mucho que pensar: “No me acuerdo de olvidarte“. Es una manera fantástica de decirnos que lo que hemos vivido con mucha intensidad es difícil de olvidar si nos ha dejado huella.

 

Eso es lo que da sentido a nuestra vida. Somos seres imperfectos y necesitamos perder el control. Almacenamos cosas en nuestro cerebro, como el primer beso, las bodas de oro de nuestros abuelos o una delicada operación, pero dejamos espacio para lo que pueda venir en el futuro. Sin embargo, personas como Brad Williams no es capaz de seleccionar.  Lo recuerda todo. Tiene Hipermnesia. Y puede que sea feliz o no, pero es, por su desgracia, diferente. 

 

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“Sigo aprendiendo”


Siempre se pueden cambiar las cosas de lugar

En la asignatura de historia en cuarto de carrera de periodismo (2009) decidí hacer un trabajo voluntario de investigación sobre el Gernica de Picasso. Recuerdo que disfruté mucho durante su elaboración, ya que fui al museo Reina Sofía de Madrid, la biblioteca, consulté libros, fuentes de Internet y descubrí un cuadro soberbio, una ciudad devastada y, sobre todo, un artista excelente y enigmático.

 

Pablopicasso

Pablo Picasso

Sin embargo fue gracias a Iker Jiménez, el mejor periodista radiofónico de este país y el único cuyo programa (Cuarto Milenio) sigue existiendo desde el nacimiento de Cuatro, por el que descubrí una anécdota sobre Picasso. Unos años antes, Pedro Sorela, mi profesor en Redacción periodística, contó en clase que el artista malagueño cambiaba las cosas de casa de lugar simplemente por salir de la rutina y fijarse en ellas diariamente. Ese cuadro olvidado en la pared, la figura que conmemora el viaje a Marruecos, un libro dedicado… ¿Realmente os acordáis -y observáis- lo que tenéis en casa? Picasso lo hacía, no sólo porque era un genio sino porque era un ser inquieto.

 

Volviendo a Iker, en uno de sus magníficos programas que tantas veces me acompañaron durante mi periplo en Londres, recordó como un Pablo Picasso octogenario en uno de sus últimos cuadros firmó “sigo aprendiendo”. Hablamos de una persona que ya había visto todo en la vida: guerras, injusticias, exilio, fama, reconocimiento, polémicas, éxitos y fracasos amorosos, etc. Pero al borde de la muerte se atrevió a decir que aún seguía aprendiendo. Sublime.

 

Es una máxima que tenemos que respetar, valorar y seguir. En mi caso, hace poco me preguntaron si era una persona exigente y dije, “no soy exigente, soy inconformista pero me conformaré cuando sea lo suficientemente feliz”. Tengo 26 años, una carrera, un posgrado, experiencia laboral en España y en el extranjero, voy a empezar un máster, soy becario y sigo sin conseguir un contrato laboral en mi profesión. Ojo, no me estoy vendiendo. Pero como dice Picasso, sigo aprendiendo.

 

No todo se ciñe al ámbito laboral. Hay terrenos que aún no he explorado, personas que no he conocido, temas que desconozco y virtudes y defectos míos que no he aclarado. Siempre hay algo pendiente por lo que tenemos y merece la pena luchar hasta el fin de los días. Habrá momentos malos, rachas negativas, sonrisas y lágrimas. Pero, como hacía el genio malagueño, siempre se pueden cambiar las cosas de lugar. Empecemos: SAICARG.

 

Eclipsado


Temo dejar de ser quien soy

 

“Dieguito es la persona qué conozco que más ha cambiado en la carrera”. Son palabras que Pablete, uno de mis mejores amigos y hermanos con el que tantas experiencias he compartido, me suele repetir cuando hacemos una quedada Chill out. No sé si es por esta época de incertidumbre, pero las conversaciones con la gente que me rodea cada vez son más profundas, sinceras y con ese punto de emoción que a unas veces gusta y otras incomoda.

 

Incomoda porque recordamos el pasado. Recuerdo mis veranos en Oropesa del Mar (Castellón) con toda mi familia, un hecho que ya no se puede repetir por diversas circunstancias. Recuerdo el hormigueo que sentía cada Navidad y recuerdo la primera vez que entré en una clase de Periodismo, un 3 de octubre de 2005 donde tuvo lugar un eclipse solar. No sé si ese eclipse anticipaba la llegada de una saga cinematográfica, bajo mi punto de vista lamentable (Crepúsculo), o una época gris para los estudiantes y en definitiva todos los españoles que habíamos recibido el primer lustro del nuevo milenio con el Euro y toda la ilusión del mundo.

 

Eclipse 2005

Perdón por lo de Crepúsculo, pero afortunadamente no he perdido ni un ápice de mi sentido del humor. No así con el optimismo. El pasado 24 de diciembre, cuando me tocó el turno en la “ronda de los deseos” del nuevo año, no supe que decir con una copa de sidra en la mano. Unos se referían al amor, otros al trabajo, viajes y próximos proyectos. Y todos, evidentemente, mencionamos la salud. Pero cuando me tocó ser egoísta y hablar sobre mí, simplemente no supe que decir.

 

Ese jodido vacío, esa sensación de hastío, lo tuve, creo que por primera vez, trabajando como fregaplatos en el Hotel Hilton de Londres, Park Lane. Mientras limpiaba los carritos de room service agachado y con un mono sucio, le dije a Herminio, gallego de 61 años y una gran persona, “Herminio, nunca pensé que después de seis años estudiando iba a acabar de rodillas”. Los dos nos reímos mucho, pero por dentro me estaba descomponiendo.

 

Y si escribo estas palabras es porque me niego a aceptarlo. Puede que los políticos españoles, los bancos y los mercados nos priven de tener un trabajo, un mayor poder adquisitivo o unas vacaciones merecidas, pero nunca, nunca podrán intervenir en nuestra felicidad más directa. Un paseo por el campo con la familia, una cena improvisada con tu mejor amigo, una conversación sobre los motes de los vecinos con el abuelo, etc. Por poner un ejemplo, quizá inadecuado, aunque el autor de la matanza de Noruega esté en la prisión más lujosa del mundo, por muchas comodidades que tenga, no tendrá durante mucho tiempo uno de los valores más preciados por la humanidad: la libertad. Nunca os quitarán el derecho a ser felices.

 

Es tiempo de reconvertirse. Temo que se me olvide ser periodista con el paso del tiempo, temo dejar de ser el hombre en el que me he convertido gracias a cada una de las personas que ha pasado por mi vida. Temo no vivir más momentos como el de Oropesa del Mar. Pero lo que de verdad me da miedo, es que un puñetero eclipse, como una piedra en el camino, no me deje ver lo que de verdad importa: que siempre hay una oportunidad.

 

Aunque un poco tarde, ya tengo el deseo “egoísta” para 2013: una nueva oportunidad. Smile. 

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