A los pies del Dios moderno


Una cuestión de pequeños detalles

Identidad digital. Quedaos con esas palabras. Todos tenemos una desde que decidimos entregar nuestra vida y privacidad a Internet, en especial a Facebook. Si no, probad a poner vuestro nombre y apellidos en Google. La obra maestra de Mark Zuckerberg, que acaba de cumplir 10 años, puede hacer prácticamente lo que quiera con el contenido que subamos a nuestro perfil. Si. Yo tampoco me leí la letra pequeña y soy responsable de lo que hago. Pero ¿y vuestros hijos?

 

Ver la foto de un bebé en Internet es enternecedor. Shakira y Piqué se encargan de recordarlo cada día. Pero ese niño, de apenas un año, ya tiene un rastro digital que, aparte de no haber sido consultado, nunca podrá borrar. Algo así como un bautizo. Ese bebé no tiene capacidad para decidir si quiere o no creer en la religión, al igual que ocurre con la exposición de su cara en la red. Qué tiempos aquellos en los que una fotografía duraba años en nuestra mesilla de noche, en los que mirábamos los álbumes familiares o tomábamos fotos imperfectas, aunque selectivas, en los viajes de verano.

Una de las fotos de mi escritorio con dos de mis mejores amigos.

Una de las fotos de mi escritorio con dos de mis mejores amigos.

Ahora cambiamos la foto de perfil de Facebook semanalmente, tomamos centenares de fotografías que quedan en el olvido y compramos portarretratos electrónicos que, confesémoslo, tenemos la mayoría de las veces apagados. Hay menos bautizos católicos, pero muchos digitales a merced de Internet, el Dios moderno. 

 

Nunca leemos la letra pequeña. Es curioso, porque haciendo un símil siempre nos perdemos los pequeños detalles de la vida. Y una foto en el escritorio es un detalle maravilloso que, independientemente de su dimensión, se hace grande con el paso de los años. Muy grande en nuestro recuerdo y memoria que hemos decidido entregar a personas como Zuckerberg. Felicidades por los 10 años de Facebook, Mark. 

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Una generación de idiotas


Bienvenidos al social E-Commerce

 

Einstein lo advirtió. El día en el que la tecnología sobrepasara la interacción humana el mundo sería una generación de idiotas. Y ha llegado. No podemos ni sabemos vivir sin tecnología, pero la intención de este artículo no es conocer lo que hacemos con ella, sino lo que hace con nosotros.

 

Para eso es importante conocer el significado de E-Commerce, es decir, la compra y venta de productos o servicios a través de Internet. Según un último informe del Ministerio de Industria, el E-Commerce movió el año pasado en España 12.383 millones de euros, un 13,4% más que en 2011. Pero se trata de una expansión mundial protagonizada por un grupo de actores que forman un sistema perfecto:

 

  • Google (buscador) es un importante accionista de PrestaShop (E-Commerce)

  • Ebay (subasta de productos en Internet), Paypal (forma de enviar y recibir pagos en Internet) y Magento (E-Commerce) unieron fuerzas hace poco

  • Yahoo (buscador) es dueño de Flickr (para compartir fotos)

  • Facebook (red social con tienda online) compró Instagram (para compartir fotos) en 2012 por una millonaria cantidad

generaciondeidiotas

Estas alianzas demuestran que todas las grandes compañías que operan en Internet son conscientes de la importancia que tiene hoy en día el E-Commerce, las imágenes, y las redes sociales, un pack fundamental en un mercado sin aduanas ni aranceles.

 

A la hora de realizar una compra online, ¿nos guiamos por la descripción del producto o por su imagen? La respuesta es, obviamente, la imagen. Pero aunque una imagen valga más que 1000 palabras, sirve de muy poco si no se comparte. Por ese motivo se está hablando como el futuro más próximo del social E-Commerce. No sólo compramos porque nos gusta visualmente un producto; lo hacemos porque nos dan referencias. Es ese antiguo boca a boca que ha pasado hoy en día al click a click.

 

Si en una tienda física se recurren a técnicas de marketing como evitar la instalación ventanas  para perder la noción del tiempo o subir la música con el fin de realizar una compra rápida, en Internet se ha apostado por utilizar los menos clicks posibles (2) con la mente puesta en la compra compulsiva. Y es que, de las aplicaciones móviles que tenemos, ¿Cuántas utilizamos realmente? Y ¿Cuánto tiempo nos lleva comprarlas? A la semana se crean miles de apps pero sólo un 0,1% alcanza la popularidad, como por ejemplo ocurrió con Whatsapp, capaz de ofrecer el servicio gratis en su nacimiento para después hacerlo de pago y seguir siendo un éxito.

 

Hay muchas cosas de sentido común que nuestros abuelos hacían y que ahora se le ha puesto un nombre en marketing e Internet. A veces nos reímos de ellos por los problemas que tienen en el uso de la tecnología pero, ¿no seremos más idiotas los que la utilizamos diariamente? Una generación de idiotas.

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