Condenado a recordar


La Hipermnesia es un trastorno de la memoria muy extraño que registra cada detalle en la vida como si de un ordenador se tratara. La imposibilidad de perder el control o la certidumbre, ¿nos convierte en personas infelices o simplemente diferentes?  

No me acuerdo de olvidarte

Pepe Domingo Castaño (Tiempo de Juego, Cadena COPE) uno de los emblemas de la radio española, insiste anualmente en la clave de la felicidad cuando se acercan las fechas navideñas: “Para ser feliz hay que tener salud y mala memoria”. Que cada uno lo interprete como quiera, pero parece ser que Pepe Domingo se refiere a recordar, pero paradójicamente después olvidar, lo importante que es pedir perdón y hacerse el estúpido en determinados momentos de nuestra vida.

 

Precisamente porque el ser humano no es estúpido, aunque a veces lo parezca, se han descubierto en los últimos años enfermedades que parecían improbables de diagnosticar ante la desesperación de los que la padecen. En el caso de este servidor, esto ha pasado con un familiar muy cercano que desde hace años tiene Fibromialgia, un trastorno que implica fatiga y dolores musculares en ocasiones insoportables. “Me dolía mucho la pierna, pero los médicos no eran capaces de decir lo que tenía ni cómo tratarlo”.

 

Bradwilliams

Brad Williams lo recuerda todo. Tiene Hipermnesia

Si una persona con HipermnesiaHipertinesa tuviera también Fibromialgia, sería capaz de recordar, no sólo el momento justo en el que empezó a tener los síntomas sino, y gracias –o por desgracia- a una memoria autobiográfica prodigiosa, la ropa que llevaba en ese día -hubiese sido hace un mes o hace 15 años-, la conversación que tuvo con su primo en el coche o el número de cucharadas de colacao que echó al vaso. 

 

Memento
Memento

Evidentemente, hay muchas formas de convertir esta enfermedad en una habilidad, ya sea en una profesión (como policía) o en la vida cotidiana para aclarar un hecho del pasado. Pero puede ser una carga difícil de soportar, ya que normalmente la mayoría de las personas recuerdan, a veces sin muchos detalles, los acontecimientos que suponen un hito en nuestra existencia. Sin embargo, los que tienen Hipermnesia recuerdan cada evento del pasado y de una forma algo obsesiva. 

 

En mi caso, recuerdo una película que vi en primero o segundo de Periodismo. Se llama Memento, estrenada en el año 2000, y cuenta la historia de Leonard, quien sufrió un trauma cerebral que le causó amnesia anterógrada, es decir, es incapaz de almacenar nuevos recuerdos. Una de sus frases recoge cinco palabras que dan mucho que pensar: “No me acuerdo de olvidarte“. Es una manera fantástica de decirnos que lo que hemos vivido con mucha intensidad es difícil de olvidar si nos ha dejado huella.

 

Eso es lo que da sentido a nuestra vida. Somos seres imperfectos y necesitamos perder el control. Almacenamos cosas en nuestro cerebro, como el primer beso, las bodas de oro de nuestros abuelos o una delicada operación, pero dejamos espacio para lo que pueda venir en el futuro. Sin embargo, personas como Brad Williams no es capaz de seleccionar.  Lo recuerda todo. Tiene Hipermnesia. Y puede que sea feliz o no, pero es, por su desgracia, diferente. 

 

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Salchichas y adrenalina


Se suponía que con el nuevo milenio comenzaba una época mejor. El Euro, una Europa más unida. Aún recuerdo pagar mi último bocadillo de salchichas con kétchup en 3º de la Eso con pesetas. Por entonces, envidiaba a los adultos porque recibían dinero, lo que para mí era una paga, a cambio de trabajar durante unas horas; mientras que yo tenía que hacer los deberes y asistir a clases extraescolares después de la jornada escolar. Joder, ¡cómo añoro esos tiempos!

 

Ahora, 12 años después, muchos niños no pueden asistir a Kárate, clases de inglés o ni siquiera a un colegio en condiciones, ya que su padre y/o madre y/o hermano mayor están sin trabajo por culpa de una crisis económica que parece estar convirtiéndose en una estabilidad -inestable- económica. ¿Es una crisis o un cambio mundial como opina el presidente francés François Hollande? No lo sé, pero siento que nos estamos acostumbrando a estar en la mierda.

 

Ya me lo advirtió una camarera española de mi hotel: “no te acostumbres a ser kitchen Porter o a un empleo tan bajo. Tú vales mucho más”. Me hizo reflexionar y decidí dimitir unas semanas después para estar con mi familia en Navidades y volver a Londres con más ganas, aún, de conseguir el éxito. Porque eso es lo que nos une a todos los extranjeros que llegamos a esta ciudad. Vivimos en pisos compartidos, algunos como yo, en albergues; estamos lejos de nuestras familias, aprendemos inglés como podemos, trabajamos en el sector de la hostelería y nos vamos olvidando paulatinamente de lo mal que está nuestro país de origen. Eso se podría acercar al éxito y a mi me encanta. Se trata de una adrenalina necesaria. No me importa despertarme a las 7:30 para ir a la academia, salir a las 12:00 para ir al gimnasio y comer rápido para terminar el día limpiando platos (aunque preferiría otra cosa) hasta las 23:00 horas. Me llena mucho.

 

¿Quieres adrenalina? Ven a Londres

¿Quieres adrenalina? Ven a Londres

Sin embargo, al hablar con compañera de trabajo de Room Service, procedente de Turquía y de 61 años, sale a la palestra otra reflexión que se resume en una palabra: sacrificio. Esta mujer lleva décadas trabajando en la hostelería y como consecuencia, no tiene un horario fijo de trabajo, pocas veces ha celebrado unas navidades con su familia y arrastra un problema en la pierna desde hace algún tiempo. “If you have a job like this, you must know that you have to sacrifice some things although your salary could be quite good”, me dijo.

 

Quizá por ser mi día de libre me sienta vago pero aún no logro comprender al ser humano y me pregunto, desde hace algún tiempo, si la felicidad consiste en trabajar casi 50 años de nuestra vida, aunque mi generación no podrá decir eso desafortunadamente, rodeados de estrés y alejados, al menos durante ocho horas diarias, de las personas que más queremos. Fabrizio, mi compañero italiano de habitación, ha estudiado y trabajado como ingeniero. “En Milán llegué a ganar 1500 euros pero era una rutina muy estresante. En Londres, de camarero, cobro casi lo mismo y estoy mucho más relajado”. Es un paso más a lo que intento explicar. En mi caso, me encanta mi profesión, Periodismo, pero creo que podría ser mucho más feliz con una casa construida con mis manos y unos alimentos sembrados y recogidos por mí hasta que mis fuerzas resistieran. O también con un chiringuito en Tenerife. ¡Calidad de vida man!

 

¿Por qué nos jubilamos a los 65 años? A esa edad somos más débiles, no tenemos el hambre de la juventud y asumimos que estamos en la recta final. ¿Es fruto de la ambición humana? ¿O de la ignorancia? ¿Para qué malgastar tantos años y energías de nuestra vida cuando podríamos cubrir nuestras necesidades básicas de otras formas más sencillas?

 

No sé si me explico. O no sé qué nos pasa. Pero ya no soy el único que piensa que hace unos años, la felicidad consistía en trabajar de lo que tú querías, tu vocación. Ahora, fruto de las circunstancias, creo que la felicidad, o al menos la estabilidad, es tener un trabajo digno que te permita ser medianamente autosuficiente y disfrutar de la vida hasta que la marea se calme. Al menos, para comparte un bocadillo de salchichas y pagar, esta vez, con euros (o libras). Como para irme de Londres. Aquí hay salchichas y adrenalina. Y mi depósito no está lleno. 

Comedia negra


De cómo la crisis económica, se ha convertido en una crisis de identidad

 

Juan Echanove, (Madrid, 1 de abril de 1961) es colaborador habitual de Hora 25, programa que dirige Angels Barceló en la Cadena Ser. Juan interpreta al hermano de Antonio Alcántara (Imanol Arias), quizás, en la serie española que más éxito ha tenido en los últimos años: Cuéntame cómo pasó.

 

Esta serie permite hacernos una idea más cercana, a la generación que nacimos durante la democracia, de la resistencia y lucha encarnizada que nuestros padres, y sobre todo nuestros abuelos, mantuvieron para gozar de las libertades dignas de un mundo vanguardista. Sin ánimo de sonar catastrofista, tengo la sensación de que el Gobierno de Mariano Rajoy está pulverizando, paulatinamente, parte de estas libertades en los más de 100 días que lleva al frente del poder.

 

La crisis económica en la que Europa está sumergida, exceptuando los ególatras de Francia y Alemania, victoriosos de la III Guerra Mundial (esta vez financiera), se ha convertido en una crisis de identidad que parece no importarnos en la actualidad. Los espectáculos deportivos, Sálvame o la escasa profesionalidad de algunos colegas de mi profesión -véase la cobertura de determinados medios de comunicación en la Huelga General del pasado 29 de marzo- dan prueba de ello.

Juan Echanove

Es como una comedia negra cuyo guión Juan Echanove conoce al detalle. Por ese motivo, el ya veterano actor plantea, en su sección La Mirada de Hora 25, un buen número de condicionales para intentar entender el momento en el que vivimos. Entre ellos, destacan:

 

  • “Si reclamar los derechos más irrenunciables del individuo puede dar con tus huesos en la cárcel”

  • “Si se estigmatiza de forma más evidente a los homosexuales desde los poderes de la iglesia y hay que callarse”

  • “Si los abuelos del país van a tener que esconderse de un Fondo Monetario Internacional que van a perseguirles como cargas inasumibles para la nación por su pertinaje a la longevidad”

  • “Si todo lo público se convierte en privado y somos incapaces de gritar que es nuestro”

  • “Si los investigadores tienen que dejar de investigar, los pensadores dejar de pensar y los artistas dejar de crear”

  • “Si caes enfermo, no tienes dinero y nadie te lo presta y no te atienden de tu mal en el ambulatorio”

[…] “Si, en definitiva, todo lo que en casi 40 años hemos construido con el esfuerzo de todos acaba en el rastro y por piezas en el top manta, habremos llegado por fin al final del túnel”, comenta Echanove, a lo que yo llamo la comedia negra

 

Entre sus protagonistas, es necesario añadir la historia de Dimitris Christulas, un farmaceútico griego jubilado que se suicidó el pasado 4 de abril ante el Parlamento, situado en la plaza Sintagma de Atenas (Grecia). “No quiero dejar deudas a mi hija”, fueron sus últimas palabras. La muerte de Christulas ha puesto de manifiesto dos fenómenos cada vez más concatenados: la crisis económica y el incremento de las enfermedades mentales y los suicidios. Sin embargo, no hay que irse tan lejos para encontrar un caso menos dramático, pero también conmovedor. Hablo del publicista Alejandro Toledo, quien se encontró con un antiguo compañero de profesión que se dirigía a un comedor social. Después de esta experiencia, Alejandro realizó un spot gratuito para Cáritas para concienciar a la población de que, en la actualidad, cualquier persona puede pasar por esta situación.

El pueblo griego llora la muerte de Dimitris Christulas

En un curso de Marketing Relacional que realicé en MSL Formación en marzo de 2011, uno de los coordinadores, voluntario de varios comedores sociales, nos contó que, en estos sitios, te puedes encontrar a quien menos te los esperas. No tienen que ser necesariamente vagabundos o drogodependientes, sino gente trajeada o con cargas familiares.

 

Son personas para las que, según Juan Echanove, “la democracia es un lujo de ricos y el estado de derecho un estado de excepción“. “Nos querrán convencer de que todo esto es por culpa nuestra“, añade el actor, “cuando lo único que hicimos fue firmar un crédito porque hacerlo suponía ser moderno, europeo, solidario y constructor“. Lo que empezó siendo una crisis económica, acabará por convertirse en una torre de babel en la que no seremos conscientes que se desmorona cada día un poco más con nosotros dentro, intentando enfoscar grietas con aguapress aunque no son tales grietas, sino evidentes vicios ocultos de construcción y graves deficiencias estructurales“.

 

Los datos del paro y la inflación son muy preocupantes. Pero lo son más las decisiones que cada uno de los ministerios del Gobierno Español están tomando y que afectan a nuestra propia identidad, con recortes en sanidad y educación, policías que protegen al sistema y no a su pueblo, falta de rigor y dureza ante el despilfarro de la Monarquía…Y todo, en un año en el que se celebra, curiosamente, el segundo centenario de la Constitución de Cádiz (¡Viva la Pepa!) pero también, el primero del hundimiento del Titanic. Así vamos.

 

Tomar el fresco (juntos)


Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de matrimonios rotos durante el año pasado volvió a crecer. Por su parte, la empresa de juguetes Famosa dio a conocer en 2010 un estudio en el que se observó que los niños prefieren cada vez más juegos sedentarios e individuales. Además, los últimos datos y estadísticas recogidas muestran que los españoles comemos menos en familia, una costumbre que, desgraciadamente, sólo es habitual en algunos domingos, festivos y fechas navideñas.

 

¿Qué tienen en común estas noticias? El individualismo. Hace unas décadas vivíamos bajo un ambiente de compañerismo, solidaridad y fraternidad. En situaciones difíciles, en crisis económicas, conflictos, y enfermedades, remábamos juntos en una misma dirección; o al menos, eso sentía yo en los años noventa y en las historias que me contaban mis abuelos –y bisabuela- sobre la segunda mitad del siglo XX. Por entonces, se compartían horas de radio, sartenes de gachas (yo lo sigo haciendo), juegos y conversaciones a veces anodinas, pero que estrechaban lazos entre una familia, un barrio o una comunidad de vecinos. Ahora, sin embargo, sé de personas que no conocen a su propio vecino del 2º B, cenan solas en el salón mientras ven la televisión, les cuesta expresar sus sentimientos e incluso, han llegado a decir eso de que “la mejor música es el silencio”. Personas, colores, diversidad.

 

Gachas

Las gachas de mi abuela

En efecto, nuestros valores han cambiado. La competencia, los recursos que creemos ilimitados, los avances tecnológicos y sociales nos proporcionan, en definitiva, una autosuficiencia ilusoria. Porque nos necesitamos, pero al mismo tiempo, desconfiamos unos de los otros. Cuando vamos a una tienda ya no decimos eso de “fíamelo que te lo pago mañana” o como dice mi amigo Pablineitor en su blog, pasamos de largo sin mirar al portero. Si lo hay.

 

Podría seguir escribiendo y citar decenas de ejemplos, pero me centraré en uno que añoro, recuerdo con nostalgia y sonrío cada vez que lo veo y practico: tomar el fresco.

 

A finales de agosto del presente año fui a una casa rural de un pueblecito de Ávila con casi toda la familia. Una noche, mientras paseaba con mi prima Esther, nos hinchamos a dar las buenas noches a las personas que, sentadas en sillas con varios años en sus respaldos, nos miraban y saludaban con recelo y curiosidad. Y empecé a recordar.

 

Recordé las noches cálidas en la calle Madrid de Mejorada del Campo, donde no  pasaban coches y en las que los niños del barrio ideaban juegos mientras los padres y los abuelos, acomodados en las típicas sillas de barrio, comentaban su vida con un ojo puesto en nosotros. Al menos, eso hacía “la Ninis”, “Julio” (y su ¡mande!) “la Carmen” (que se portaba genial en el aguinaldo), mi tía Chus”, “La Mari” y por su puesto, mis abuelos. Todos ellos, menos “La Mari” y mis yayos, han fallecido. Debe ser duro cómo la gente de tu quinta cae paulatinamente. Esos compañeros de juegos de cartas, momentos difíciles de la posguerra y conversaciones siempre típicas, pero adorables.

 

En los últimos veranos, sin embargo, mis abuelos se han tenido que ir a la plaza del pueblo con “La Pascuala” (cuyas galletas de coco están buenísimas) en un banco que no es el suyo, donde no hay tranquilidad y el “fresco” es diferente. Pero yo les escucho:

 

–           Diego, “Pa fría la ensalá como decía el Tío Fanegas”

–           “Cómo decía la tía asunción, otros ochenta y tantos no voy a vivir”.

–          “Pareces el borrico del tío Teodoro”

–          “Eres más nervioso que la perra de la tía Gabriela, que estaba sorda y enseguida se ponía a ladrar”.

–          “Con la mirada me basta, como decía el tío Matacán”.

–          “El padre de la Reymunda, el Tío Piloncho, se compró una pelliza muy pequeña que vio en un maniquí. Aunque no le valía, se la ataba con una cinta en el ojal”.

–          “Ese es huevoscosidos. Le llamamos así porque un toro le pilló un huevo”.

–          “Hay uno en el pueblo que puso a sus dos hijos Mariano”

–          “A ese le llamaban choruzo gordo porque nació con 5 kilos. Y a su hermano semental porque se tocó en el cine y salpicó a una mujer”.

 

Por eso, cuando me preguntan “Y este chico, ¿de quién es?”, digo con orgullo, “De Goyo y la Juliana”. Con ellos tomé el fresco. Y lo echo de menos. El fresco y todo lo que conlleva: despreocupación, tener la mente vacía y aclarar las ideas. Incompatible. Lo sé. Me siento raro. Es como si el propio blog me hubiera absorbido. Mi mente, mi optimismo e ilusión están en una laguna enorme desde hace un año. Pero no me hundo. Es como si no me apeteciera escribir. Pero sigo escribiendo. Porque cuando pase un tiempo, y si consigo lo que quiero, me gustará leer artículos como este. Me voy, necesito tomar el fresco. ¿Te vienes conmigo?

 

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Tomar el fresco

En busca de una identidad


Hace unos meses fui al club de la comedia por primera vez. Uno de los animadores, antes de que comenzara el espectáculo, dijo entre risas: “Por favor, cuando alguno de los invitados esté en medio del monólogo, no digan ¡a mí también me pasa! o ¡eso me ha ocurrido a mí!”. Querido animador, eso es inevitable.

 

Los seres humanos, como los animales, necesitamos pertenecer a una comunidad o subsistema dentro del gran y complejo sistema en el que convivimos: la sociedad. Por eso, cuando compramos un periódico, queremos que nos digan lo que queremos leer (en mi caso, como periodista, no) y cuando votamos a un partido político queremos que actúe de acuerdo con nuestra ideología (o simplemente que actúe, porque hoy sólo contempla). En definitiva, buscamos una identidad no innata.

 

En un nuevo artículo de Lagunas del periodismo se expondrán las frases célebres más admiradas por este servidor. Con ellas, se pretende descubrir por qué están escritas en una sencilla y menuda libreta de pueriles cuadritos. Sirva como advertencia que se dará la misma enjundia a las palabras de conocidos pensadores, como a los consejos de personas anónimas o las reflexiones de un mendigo coprotagonista de La Sombra del Viento, obra maestra escrita por Carlos Ruíz Zafrón.

 

La Sombra del Viento

Esta libreta, tras un primer esbozo, contiene frases sueltas que han sido aunadas en tres categorías: periodismo, deseo y acción. La primera viene de la imperiosa necesidad de defender una profesión pública tan hermosa como imprescindible. Son palabras que proporcionan un atisbo de esperanza para los jóvenes y no tan jóvenes que decidieron dedicarse a informar a la población con la responsabilidad que conlleva. Por eso, al igual que un médico diagnostica una dolencia, enfermedad o afección e intenta explicárselo de la mejor forma posible al paciente, los periodistas hacen lo mismo con la información, que debe ser elaborada y enviada con la máxima precisión, coherencia y rapidez al público. Algo así como el plato de un cocinero profesional.

 

De esta forma, muchas profesiones están entrelazadas entre sí, pero ni los médicos son cocineros, ni los cocineros son periodistas ni los periodistas son médicos. Aunque los periodistas, en cierta medida, somos aprendices de todo y maestros de nada, según leí en uno de los escritos de Maruja Torres. Así que, “quienes creen que pueden suplantar al periodista podrían hacer el ejercicio simple de elaborar una noticia en el tiempo en que lo hacen los profesionales, para comprender que captar lo significativo, ordenar con criterio los datos, contextualizarlos y redactarlos de forma comprensible y atrayente es una tarea que requiere el saber del oficio” (José Luís Barberá. Diario El País. “Elogio del periodista”).

 

Libreta

Que nadie se enfade. Esto no significa que todas las personas, sean parados, amas de casa o estudiantes de 4º de la ESO, puedan tener un blog y mostrar públicamente el placer de escribir sus vivencias, noticias u obras de ciencia ficción. Y es que, como bien dejó escrito Aldous Huxley en Un Mundo feliz“Las palabras pueden ser como rayos X: si se emplean adecuadamente, pasan a través de todo. Las lees y te traspasan”. Sin embargo, fotografiar una pelea o a uno de los famosillos de turno, eso no es ser periodista, sino tener el material adecuado para ejercer tal oficio. Y todo, gracias a los atributos de las nuevas tecnologías que antes disponían unos pocos y ahora llegan a casi toda la población. “El periodismo ciudadano no existe”, me dijo un profesor en la facultad.

 

Me faltan dos categorías, pero iré directo a la acción. ¿O deseo ir a la acción? No lo sé. Las palabras del mendigo cooprotagonista de La Sombra del Viento me convencieron desde que las leí por primera vez: “El destino suele estar a la vuelta de la esquina. Como si fuese un chorizo, una furcia o un vendedor de lotería: sus tres encarnaciones más socorridas. Pero lo que no hace es visitas a domicilio. Hay que ir a por él” .

 

Recuerdo escuchar a Joan Manuel Serrat cantar eso de que “no hay nada más bello que lo que nunca he tenido” (Lucía) o defender, letra por letra, que “lo mejor de un beso es haberlo soñado”, cita que escuché en la radio, un medio “capaz de hacer ver a los oídos”. Pero son frases (las dos primeras) con las que no me identifico en esta época de la vida, donde predomina la incertidumbre laboral, una feroz competencia y un futuro incierto. Por eso, “prefiero pedir perdón a pedir permiso” (Jeremy Iron) y “no contar el tiempo, sino hacer que el tiempo cuente” (Anónimo).

 

Concluyo con un texto que podría tachar con tipex o subrayarlo con amarillo fosforito, publicarlo con Calibrí 6 o Verdana 48, hacer un llamamiento público para que se prohíba su circulación o tatuármelo directamente en la Espalda como Michael, el protagonista de Prison Break. Pero el portavoz de esta reflexión es otro actor, Bratt Pitt que a la vez es una creación imaginaria de Edward Norton (American History X) en una película basada en la novela de Chuck Palahniuk: El club de la lucha (1999).

 

El Club de la Lucha

En una de las escenas, Taylor Durden (Bratt Pitt), mientras mira desafiante a los ojos de los miembros del club, comenta con una seguridad insuperable: “Veo mucho potencial, pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas, o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos, no hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine, o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados”.

 

Ahora que me acuerdo, en la película no se mencionó ni una sola vez el nombre del protagonista (Edward Norton), aunque terminó encontrando su identidad no innata. Yo estoy buscando la mía, o al menos la estoy construyendo.

Doctor Internet


Marzo, 2008. Mientras P. lee el periódico en la cocina acompañado de D, un joven locuaz y estudiante de tercero de periodismo, D.I llega de trabajar y lo primero que se adivina en su rostro es una mirada mustia, pero al mismo tiempo de soslayo. La familia había superado momentos complicados; sin embargo, las siguientes palabras de D.I condicionarían los meses posteriores y quién sabe si el resto de sus vidas: “Los médicos han visto algo raro en mi pecho. Creen que es cáncer”, comentó entre suspiros apoyada en el radiador.

 

Y lo fue, un cáncer de mama que esa familia nunca esperó que le tocara sufrir, enfrentar y superar. Y es que con las enfermedades no ocurre lo mismo que con la lotería o los juegos de azar: aunque se tengan pocas posibilidades de ganar la gente echa con la esperanza de acertar algún día.

 

Así que, con un “alien” en la familia (así se bautizó al cáncer de D.I), era necesario conocer, más por desesperación que por puro adoctrinamiento, en qué consistía. Y se cometió el grave error de consultar en Internet. Al Dr. Internet. Por poner un ejemplo, es como si una persona, tras finalizar y entregar un examen, revisa las respuestas escritas aunque no pueda cambiar el resultado de la prueba. Un error muy común y a veces inevitable.

 

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El cáncer de mama y otras enfermedades, al igual que la lotería, puede tocar. Mucha gente no es consciente de ello.

En un nuevo artículo de Lagunas del periodismo se hablará de la salud, de sus nuevos paradigmas, pacientes y enfermedades cuyos conocimientos debo al curso de experto en comunicación social y salud que estoy realizando en la Universidad Complutense de Madrid y a la corta pero intensa experiencia que he tenido a lo largo de mi vida con este ámbito.

 

 

Lo primero de todo es conocer en profundidad el término “salud”. Su definición más común en la sociedad es “la ausencia de enfermedad”. Pero es más que eso. Según la Organización Mundial de la Salud y desde 1948, es un “estado completo de bienestar físico, mental y social y no meramente la ausencia de enfermedad”. Unas palabras que, según el endocrino Deepack Chopra, no tienen en cuenta los docentes universitarios: “Si quieres enriquecerte no debes profundizar en la pobreza ni sus mecanismos. Si quieres mejorar tu salud, no debes pensar en la enfermedad ni sus mecanismos. En las facultades de medicina se estudia mucho la enfermedad pero no la salud”, aseguró el médico y escritor indio.

 

A pesar de que es la definición más válida, este término va cambiando a lo largo de la vida. En la juventud, por ejemplo, el hecho de tener tos o padecer fiebre es estar enfermo, mientras que una vez que el ser humano llega a la longevidad y todos los problemas que eso conlleva (sordera, molestias al andar, dolor en la cadera, espalda…), el anciano/a en cuestión dice ocasionalmente que se encuentra bien.

 

Dicho esto, es necesario conocer al paciente, quien ocupa un papel más activo en el manejo de su salud. Antes era éste el que estaba al servicio del médico, pero la Ley General de Sanidad de 1986 proporcionó una cobertura universal a la salud y otra especializada. A esto hay que sumar el establecimiento de un nuevo paradigma, en el que los ciudadanos, gracias a las nuevas tecnologías, tienen la capacidad de crear contenidos y difundirlos online, aumentando la interacción y pasando de los términos “paciente” y “enfermo” a “personas” diferentes, con identidad propia, relacionales, culturales y emocionales.

 

Todo esto da lugar a unos ciudadanos más informados, que investigan, preguntan a otros y consultan en Internet temas importantes en su vida cotidiana, como la salud. Así es como se pasa de la intermediación a la apomediación, es decir, hace unos años existían unos intermediarios entre una persona y su salud, que eran los médicos, pero gracias a las herramientas de la Web. 2.0  (los blogs entre ellas) esa persona se convierte en su propio intermediario.

 

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Los pacientes acuden a las consultas médicas más informados, pero ¿mejor?

Por eso, no es de extrañar que más del 70% de la población española utilice la red para documentarse sobre enfermedades, medicamentos, contactar con su médico o concretar citas en el hospital.

 

Aunque uno de mis profesores del curso asegura que el médico sigue teniendo el poder ante un paciente cada vez más informado pienso que, como los periodistas, los profesionales dedicados a la medicina han perdido parte de su credibilidad y legitimidad debido al afán autodidacta y la rebeldía de las personas que tiene que atender. Un compañero de clase, médico y procedente de Haití, refrendó esta teoría con varias experiencias en sus anteriores empleos.

 

Difundir el buen uso de las nuevas tecnologías en la salud es esencial. Al igual que los medios de comunicación deben iluminar al público sobre las externalidades de algunos hábitos como son el alcoholismo, tabaquismo (pandemia de los años 90) o los trastornos alimenticios (pandemia de la última década), hay que dar a conocer aplicaciones como el Sleep cycle alarm, un servicio del Iphone que controla el ciclo del sueño de manera formidable o historias como la de Raul Miranda, un enfermo de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) que utiliza su blog como vía de escape para contar su día a día, su experiencia en

 

http://yanopuedoperoaunpuedo.blogspot.com/.

 

Por desgracia, se destina mucho tiempo y dinero en otras acciones. Las etiquetas de tabaco, por ejemplo, cuentan con mensajes impactantes pero poco significativos (como las galletitas chinas) a pesar de su evidencia científica: “Fumar mata”. En estas ocasiones, la persona afectada -sobre todo los jóvenes- adopta una posición defensiva y de invulnerabilidad apoyándose en el efecto “tercera persona”, es decir, conoce gente que ha sido fumadora y ha superado los 80 años de edad o simplemente no cree -o no le importa- que pueda padecer una enfermedad debido a su vicio; cuando la realidad es que un fumador tiene diez posibilidades más que un no fumador de contraer el cáncer de pulmón, entre otras cosas.

 

Tabaco

La efectividad de las campañas de tabaco deja mucho que desear

Continuando con el sector económico, parte de las últimas medidas sanitarias están destinadas a recaudar fondos. Entre ellas, la del tabaco y la más polémica de los últimos años: la vacuna de la gripe A. ¿Existió este virus? Si. Pero, y copiando un ejemplo de uno de mis profesores, no fue tan grave como lo pintaron: “Supongamos que en la universidad hay fuego y saltan las duchas del techo. Pero puede ser que un simple papel se haya quemado o que esté ardiendo una planta del edificio entera”. Los laboratorios eligieron la segunda opción y España, entre otros países, se tuvo que comer miles de vacunas y mascarillas.

 

Gracias al informe Lalone (Canadá, 1974) se comprobó otro desperdicio temporal y económico tras averiguar que se ponía más énfasis en la asistencia sanitaria que en el estilo de vida (drogas, sedentarismo), y eso que éste último provocaba un 43% de la mortalidad por un 11% del primero. Ambos, junto a la biología humana y el medio ambiente, forman parte de los determinantes de la salud cuyo control es necesario para gozar de una mejor calidad de vida.

 

Y ahí entra en juego la promoción de la salud, un proceso que regula los mencionados determinantes por parte de individuos, grupos y comunidades y donde el fin justifica los medios. Por ejemplo, si una persona ha sufrido un infarto es el momento para insistir que deje de fumar, la meta es que la consiga gracias a la relación interpersonal con el paciente o utilizando el miedo, la emoción dominante en las campañas de salud y la primera estrategia para persuadir.

 

Reflexión final: Doctor Internet

 

Internet es un medio muy potente, pero, ¿es bueno o malo? Como la mayoría de las tecnologías, ninguna de las dos cosas. Esta herramienta es lo que la gente hace con ella. Lo mismo ocurre con las piedras, cuyo uso varía desde formar parte de una catedral a utilizarla como arma de ataque.

 

No es malo que las personas se interesen por su salud para no depender totalmente del médico, pero es éste quien tiene que ejercer su trabajo y al que se debe depositar la confianza para mejorar la calidad de vida y el estado de bienestar de la población.

 

En definitiva, lo más importante para las personas son las personas. Tener felicidad, trabajo, ocio, amistad y familia es tener salud. La tecnología, al fin y al cabo, ha sido obra de nuestra inteligencia.

 

No os perdáis el siguiente anuncio de apenas 2 minutos de duración. Quizás os haga reflexionar más que todo este artículo. ¡Espero vuestros comentarios!

 

Enigmas


La incertidumbre no ha sido una buena pareja de baile del hombre desde sus orígenes: provoca estrés, sufrimiento y a veces desesperación. Hablamos de la falta de certeza de algo, como el futuro económico de un país, la nota de un examen o el análisis médico de una persona en concreto que nos convierte en seres inseguros y débiles.

 

Sin embargo, al igual que toda crisis es un riesgo pero una oportunidad de cambio, la incertidumbre representa una herramienta para mantenernos alerta, como los millones de búfalos, cebras o antípodes que cada segundo se sienten amenazados por los depredadores más peligrosos. La madre naturaleza, un concepto amplio y ambiguo que nos impresiona desde hace siglos pero que también nos preocupa; como el cambio climático, del que se habla mucho pero se hace muy poco en la sociedad actual.

 

En el noveno artículo de Lagunas del periodismo trataremos los enigmas y misterios resueltos y por resolver, sin ánimo de hacer competencia a Milenio 3, entrar en el mundo del tarot o viajar por una máquina del tiempo inventada por el hombre en su propia imaginación.

 

La vehemencia por el pasado

 

Empezaré por un viaje que hice con la Facultad de Historia de Alcalá de Henares a las cuevas del Cantábrico en el pasado mes de abril. Los lienzos rocosos de la cueva de Tito Bustillo o Covalanas me hicieron reflexionar sobre la posible frustración que padecen aquellos que se dedican a la prehistoria; aquellos que excavan durante semanas, meses e incluso años sabiendo que quizás nunca encontrarán nada. Estíbaliz, una joven estudiante con conocimientos sobre este tema, me dijo que ahí radica el encanto, en desvelar los misterios que esconde la superficie terrestre.

 

Pero yo no me conformaba y para aliviar mi inquietud impúdica pregunté a Charo (otra estudiante de historia muy experimentada) sobre el mejor descubrimiento de la historia. Ella no dudó en señalar a los Guerreros de Xian. Tuvo lugar en 1974, cuando unos campesinos que buscaban agua cerca del monte Li (China) encontraron fragmentos de una estatua pequeña de terracota que dieron paso a los 7.000 guerreros que montaban guardia en el mausoleo del emperador Qin Shi Huandi. Hace un mes, el equipo arqueológico de los Guerreros de Terracota de Xian ganó el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Lo que empezó siendo una leyenda culminó con un hallazgo que engrandece una disciplina fascinante y necesaria para recordar quienes fuimos: la Historia.

 

Los Guerreros de Xian

Mientras los Guerreros de Xian reposaban en soledad bajo tierra, Tutankamón fue despierto de su sueño eterno en el Valle de los Reyes (Egipto) por Howard Carter y su equipo en 1922. El 4 de diciembre del presente año, el diario El País publicó un interesante artículo en el que, a través de una página Web (http://www.griffith.ox.ac.uk/gri/4tut.html), podíamos acceder a todos los documentos y fotografías de un  hallazgo magnífico y maldito, pues la expedición inglesa, liderada por Carter, sufrió un sinfín de desgracias tras el descubrimiento. De hecho, en 1935, la cifra total de muertos relacionados con Tutankamón era superior a 20. Un egiptólogo afirmó haber descifrado la inscripción de la tumba en 1923 que decía así: “La muerte vendrá con alas ligeras sobre todo aquél que se atreva a violar esta tumba”. Sin embargo, dicha inscripción no pudo ser encontrada púes el muro donde residía fue derribado por el equipo del famoso arqueólogo. Un guión de película.

 

Hablando de inscripciones, a 40 kilómetros de Santiago de Compostela hay un pueblo que todo peregrino del Camino debe visitar, como hicimos mi compañero y yo en Agosto. Se llama Melide, donde dicen que está el mejor pulpo de Galicia y cuyas calles peatonales y frescura rural invitan a pasear sin rumbo. Conversando con dos jubilados del pueblo, nos dijeron que si descifrábamos la inscripción de una pequeña parroquia del pueblo “nos daban todo su dinero”. Mi amigo Eduardo, estudiante de historia y amante de las aventuras, lo intentó en vano. “Nadie lo ha hecho”, comenta uno de los ancianos. Este hecho acrecentó mi interés por los enigmas sin resolver.

 

El misterio de Melide

Tras este paréntesis y finalizando con el antiguo oriente,  la construcción de las Pirámides de Egipto, tan oscuras como majestuosas, representa uno de los mayores misterios de la humanidad bajo mi criterio. ¿Cómo se elaboraron y transportaron las piedras de estos monumentos sin los medios actuales?, ¿Cómo se pudo alcanzar una precisión y alineación tan perfecta y extrema? Aunque son muchas las teorías sobre este tema, no me atrevo a profundizar en las Pirámides hasta que no las vea con mis propios ojos. Y es que llevo la cultura egipcia en mis venas gracias al tatuaje de la llave de la vida.

 

La historia y la arqueología, dos disciplinas que han dejado un legado enorme en misterios descubiertos y por descubrir.

 

El presente y el futuro: la otra vida y la lucha contra la muerte

 

Desde sus inicios, la industria literaria y cinematográfica apostaron por el suspense como uno de los géneros más importantes en sus proyectos. Hoy lo vemos en las películas de Hitchcock, en libros como El Código da Vinci, o incluso en las telenovelas. La intriga, el suspense y la incertidumbre nos atrapan, una relación que  el filósofo norteamericano Noël Carroll explica a la perfección con la siguiente paradoja: “Conceptualmente, el suspense implica incertidumbre. La incertidumbre es una condición necesaria para que haya suspense. Cuando se elimina la incertidumbre de una situación, el suspense se evapora”.

 

Dicho esto, si la Prehistoria y los orígenes del hombre representan un misterio muy atractivo aún lo es más nuestro futuro, por el que podemos pronosticar y nunca se sabe si acertar; algo que puede llegar a desesperar en una sociedad donde lo queremos saber todo y de forma instantánea.

 

Esto conduce a hablar de dos temas: el espacio y la muerte. Sobre éste último, el gran escritor José Saramago hizo un espléndido relato con “Las intermitencias de la muerte”, en el que la gente deja de fallecer en un país cuyo nombre no es mencionado a lo largo de la obra. Se trata de la mayor utopía del hombre con la que lleva luchando durante siglos. No en vano, y volviendo a la cultura egipcia, la fe en la inmortalidad de los dioses y faraones supuso que se practicara el embalsamiento y la momificación.

 

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En pleno siglo XXI no hay más remedio que conformarse con los avances de la ciencia y con el progreso extraordinario del hombre que aspira a alargar y mejorar lo más posible su vida y bienestar.

 

Con ese fin, el biólogo inglés Aubrey de Grey aseguró a la agencia EFE en octubre que “el hombre vivirá mil años”. Y todo gracias a la medicina regenerativa, una rama de la bioingeniería que se sirve de la combinación de células, métodos de ingeniería, bioquímica y fisioquímica para mejorar o sustituir funciones biológicas. “Aplicar esta medicina al envejecimiento significa, sencillamente, reparar el daño acumulado durante la vida”, explica el científico añadiendo que “la inmortalidad es un absurdo porque supone reconocer la inexistencia del riesgo de muerte”.

 

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Por ahora, los investigadores españoles y del resto del mundo combaten el envejecimiento experimentando con animales, como analizando las células de los animales más longevos (ballenas, murciélagos) o aumentando un alto porcentaje la esperanza de vida en los ratones.

 

Aunque conseguir la inmortalidad es un tema casi de ciencia – ficción, Manuel Serrano, director del grupo de supresión tumoral del CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) explicó en el diario Público que será posible en un futuro con un gran ejemplo: “Henry Ford empezó en 1900 a hacer coches con un periodo de garantía, para que duraran 10 años, pero no más. Pensó: “¿Para qué voy a hacer piezas perfectas si este coche no lo va a usar nadie dentro de 50 años?”. Así es como estamos hechos nosotros. Ahora existen coches Ford de 1900, pero eso ha supuesto un esfuerzo constante del coleccionista para cambiar piezas. El día en que sepamos reparar y regenerar nuestros órganos será diferente. Que falla el hígado, se regenera el hígado. Que falla el corazón, se regenera el corazón. Es una cuestión de ir reparando piezas. Hoy no sabemos reparar y regenerar, sabemos hacer trasplantes, pero no rejuvenecer un órgano. Y no dudo que se podrá hacer en el futuro”.

 

¿Se imaginan que el hombre consiguiera el elixir de la vida? ¿Qué supondría para la sociedad? Hablamos de un enigma del que podríamos escribir hojas y hojas.

 

Lo mismo ocurre con la astronomía y la exploración espacial. La última edición de El País Semanal (11 de diciembre) ofrecía un reportaje interesante en el que aseguraba que, Barack Obama, Presidente de Estados Unidos, quiere que la industria privada lleve material y astronautas a la estación espacial para que la Nasa se centre en la exploración del espacio. Además, la famosa agencia gubernamental redactó sus nuevas y ambiciosas prioridades, como un viaje tripulado a un asteroide cercano hacia 2031, una misión para volver a la Luna y orbitarla, una tripulación a los satélites de Marte y por supuesto, un prometedor viaje al planeta rojo.

 

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Cada vez son más modernas las tecnologías que determinados astrónomos utilizan para obtener señales de vida de una hipotética civilización extraterrestre; una labor que recuerda a aquellos que se dedican a la pesca, dotados de una paciencia infinita. Sin embargo, en este caso no se consigue llenar la “red”, lo que puede suponer una gran frustración. Así que las investigaciones se centran en los elementos que podrían hacer vida fuera de la Tierra, como el agua, células, moléculas orgánicas… De hecho, científicos de la Universidad de Edimburgo afirmaron hace un año que existen en la Vía Láctea al menos unos 40.000 planetas aptos para la existencia de vida extraterrestre. Otros investigadores como Paul Davies, de la Universidad de Arizona, piensan que no hace falta viajar al Espacio para saber si estamos solos en el Universo, pues esos seres pueden estar “bajo nuestras narices. “La mayor parte de los seres vivos son microbios y mirándolos no podemos estar seguros de si son ‘nuestros’ o alienígenas», teorizó.

 

Para finalizar con esta larga reflexión, podríamos añadir los posibles progresos y proyectos de las potencias mundiales que no muestran al público, indefenso ante su inmenso poder y que sólo puede esperar para compartir y decir que ha vivido momentos históricos como el descubrimiento de Tutankamon en 1922, el primer trasplante de un órgano vital en 1954 o el viaje a la Luna en 1969. Todo es posible.

 

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