Comedia negra


De cómo la crisis económica, se ha convertido en una crisis de identidad

 

Juan Echanove, (Madrid, 1 de abril de 1961) es colaborador habitual de Hora 25, programa que dirige Angels Barceló en la Cadena Ser. Juan interpreta al hermano de Antonio Alcántara (Imanol Arias), quizás, en la serie española que más éxito ha tenido en los últimos años: Cuéntame cómo pasó.

 

Esta serie permite hacernos una idea más cercana, a la generación que nacimos durante la democracia, de la resistencia y lucha encarnizada que nuestros padres, y sobre todo nuestros abuelos, mantuvieron para gozar de las libertades dignas de un mundo vanguardista. Sin ánimo de sonar catastrofista, tengo la sensación de que el Gobierno de Mariano Rajoy está pulverizando, paulatinamente, parte de estas libertades en los más de 100 días que lleva al frente del poder.

 

La crisis económica en la que Europa está sumergida, exceptuando los ególatras de Francia y Alemania, victoriosos de la III Guerra Mundial (esta vez financiera), se ha convertido en una crisis de identidad que parece no importarnos en la actualidad. Los espectáculos deportivos, Sálvame o la escasa profesionalidad de algunos colegas de mi profesión -véase la cobertura de determinados medios de comunicación en la Huelga General del pasado 29 de marzo- dan prueba de ello.

Juan Echanove

Es como una comedia negra cuyo guión Juan Echanove conoce al detalle. Por ese motivo, el ya veterano actor plantea, en su sección La Mirada de Hora 25, un buen número de condicionales para intentar entender el momento en el que vivimos. Entre ellos, destacan:

 

  • “Si reclamar los derechos más irrenunciables del individuo puede dar con tus huesos en la cárcel”

  • “Si se estigmatiza de forma más evidente a los homosexuales desde los poderes de la iglesia y hay que callarse”

  • “Si los abuelos del país van a tener que esconderse de un Fondo Monetario Internacional que van a perseguirles como cargas inasumibles para la nación por su pertinaje a la longevidad”

  • “Si todo lo público se convierte en privado y somos incapaces de gritar que es nuestro”

  • “Si los investigadores tienen que dejar de investigar, los pensadores dejar de pensar y los artistas dejar de crear”

  • “Si caes enfermo, no tienes dinero y nadie te lo presta y no te atienden de tu mal en el ambulatorio”

[…] “Si, en definitiva, todo lo que en casi 40 años hemos construido con el esfuerzo de todos acaba en el rastro y por piezas en el top manta, habremos llegado por fin al final del túnel”, comenta Echanove, a lo que yo llamo la comedia negra

 

Entre sus protagonistas, es necesario añadir la historia de Dimitris Christulas, un farmaceútico griego jubilado que se suicidó el pasado 4 de abril ante el Parlamento, situado en la plaza Sintagma de Atenas (Grecia). “No quiero dejar deudas a mi hija”, fueron sus últimas palabras. La muerte de Christulas ha puesto de manifiesto dos fenómenos cada vez más concatenados: la crisis económica y el incremento de las enfermedades mentales y los suicidios. Sin embargo, no hay que irse tan lejos para encontrar un caso menos dramático, pero también conmovedor. Hablo del publicista Alejandro Toledo, quien se encontró con un antiguo compañero de profesión que se dirigía a un comedor social. Después de esta experiencia, Alejandro realizó un spot gratuito para Cáritas para concienciar a la población de que, en la actualidad, cualquier persona puede pasar por esta situación.

El pueblo griego llora la muerte de Dimitris Christulas

En un curso de Marketing Relacional que realicé en MSL Formación en marzo de 2011, uno de los coordinadores, voluntario de varios comedores sociales, nos contó que, en estos sitios, te puedes encontrar a quien menos te los esperas. No tienen que ser necesariamente vagabundos o drogodependientes, sino gente trajeada o con cargas familiares.

 

Son personas para las que, según Juan Echanove, “la democracia es un lujo de ricos y el estado de derecho un estado de excepción“. “Nos querrán convencer de que todo esto es por culpa nuestra“, añade el actor, “cuando lo único que hicimos fue firmar un crédito porque hacerlo suponía ser moderno, europeo, solidario y constructor“. Lo que empezó siendo una crisis económica, acabará por convertirse en una torre de babel en la que no seremos conscientes que se desmorona cada día un poco más con nosotros dentro, intentando enfoscar grietas con aguapress aunque no son tales grietas, sino evidentes vicios ocultos de construcción y graves deficiencias estructurales“.

 

Los datos del paro y la inflación son muy preocupantes. Pero lo son más las decisiones que cada uno de los ministerios del Gobierno Español están tomando y que afectan a nuestra propia identidad, con recortes en sanidad y educación, policías que protegen al sistema y no a su pueblo, falta de rigor y dureza ante el despilfarro de la Monarquía…Y todo, en un año en el que se celebra, curiosamente, el segundo centenario de la Constitución de Cádiz (¡Viva la Pepa!) pero también, el primero del hundimiento del Titanic. Así vamos.

 

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Three – Four – One. Parece un código secreto o la denominación del típico avión norteamericano en el que Harrison Ford tiene que salvar como Presidente de EEUU a sus pasajeros o un grupo de personas infelices que acaban “Lost” en una isla mágica.

 

Pero no es más que el nombre de un autobús que transporta al día cientos de pasajeros desde Conde de Casal hasta Velilla de San Antonio pasando por Mejorada del Campo. Y esto no es la televisión, sino la realidad.

 

Aún sin mi coche, el pasado lunes emprendí otro curso gratuito en la Escuela Superior de Formación. Esta vez de inglés. El segundo día tuve que faltar. Tenía una entrevista para vender contratos de una conocida compañía energética a la que acudí a pesar de los sabios consejos de mi admirada Maruja Torres en El País Semanal: “Por mi experiencia, uno aprende a odiar a la mencionada compañía. Se muestran groseros y perdonavidas. A la gente la ha acostumbrado a abrirse camino a puñaladas en la jungla por un triste jornal o una triste comisión. Les dan cursillos de motivación y agresividad. Y luego los lanzan a la caza”, escribió la famosa periodista en su columna.

 

Y tenía razón. Sin sueldo fijo, trabajaría desde las 8:00 hasta las 19:30 de la tarde, un periodo en el que recibiría el cursillo (ellos lo llaman de formación) y los consejos de un coordinador para después soltarme a la caza (ellos lo llaman trabajo). Así que desestimé esta posibilidad menospreciando mi acuciante deseo de abandonar el paro de una vez.

 

Después de finalizar una licenciatura de periodismo, estudiar y trabajar durante tres meses en el extranjero, realizar un máster y cuatro cursos de formación desde junio de 2010, estaba dispuesto a aceptar cualquier cosa, pero anhelaba una oferta que me permitiera crecer como periodista y como persona. 

 

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Graduación de periodismo en la Facultad Ciencias de la Información de Madrid. Junio de 2010.

Y llegó. Recibí la propuesta en la mañana del jueves para realizar la entrevista esa misma tarde. Me preparé física pero no psicológicamente. No pude ni mirar la página Web de la empresa por falta de tiempo pero sí asumir una postura: la de la sinceridad. No me hizo tomar falta la pastilla (veritaserum) que el profesor Snape tenía en la saga Harry Potter para obligar a los alumnos a decir la verdad.

 

Dije que aportaría mi ignorancia secundado por la frase célebre de este blog: “aprendiz de todo, maestro de nada”. Que acudiría al “efecto esponja” para absorber todos los conocimientos y así aportar mi creatividad, dinamismo, perseverancia y la versatilidad en el trabajo en equipo. Yo soy quién mejor conoce mi DAFO, mis puntos fuertes y débiles.

 

De esta forma, salí contento y tranquilo de la entrevista. Mi madre, que me esperaba en un centro comercial, aún más. Encontró un vestido caro en oferta y ya tenía algo que ponerse en ese encuentro social a veces tan tedioso conocido como boda. Además, apreció un brillo optimista en los ojos de su hijo. 

 

Al día siguiente, me despedí de mis compañeros de inglés, subí al 341 y, aunque ya no necesitaba el billete sencillo para pedir la beca de transporte del curso, lo guardé como de costumbre. Me senté en mi parte favorita del autobús, cuatro asientos que emulan la cabina de una noria. Apoyé los pies en el asiento y miré al paisaje casi desértico.

 

De repente, a un kilómetro de Mejorada del Campo, tuve una llamada. El tono “I Like it” de Enrique Iglesias sonó enérgicamente. Y como Charlie y la fábrica de chocolate, recibí un billete para cumplir un sueño, para hacer algo que llevaba deseando hace mucho tiempo, un ticket para ser feliz.

 

Han pasado dos semanas de un accidente en el que choqué contra la cobardía, la confianza y el respeto. No sé si es cosa del destino pero el viernes fue el día en el que volví a sonreír. Y como nunca.

 

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Ticket del 341

No he creído oportuno dar detalles del trabajo. No sé cuando tiempo estaré ni si responderé a las expectativas. Sólo sé, que esta oportunidad, “mi oportunidad” como dijo mi brother Pablete y la canción que me dedicó de Taxi, es la de todos aquellos compañeros del periodismo (y en general) que luchan por hacerse un hueco en un momento tan complicado. No lo dudéis, el trabajo de un parado es buscar trabajo y para ello hay que insistir, formarse y sobre todo, ser vosotros mismos. 

 

Cambio de paradigma


Yo, yo mismo y la creatividad

 

Últimamente escribo basándome en mis propias experiencias. Aquello en lo que más puedo aportar como periodista y como persona. Por eso, el siguiente artículo está inspirado en un curso realizado entre el apogeo del movimiento 15M y una temporada de autoevaluación, autocrítica y resentimiento por mi parte.

 

El curso lleva por nombre “Creatividad”. Lo diré otra vez, “Creatividad”. Me gusta esa palabra. Pero, ¿Por qué estaba ahí? Alma, mi profesora durante dos semanas, lo resumió perfectamente: “Vivimos en un proceso de aceleración histórica. La creatividad es necesaria para adaptarnos a la crisis y captar nuevas oportunidades. Crear o morir. Y aquí, intentaremos reconectar con nuestro ser creativo, porque todos lo tenemos”.

 

Lo reconozco. También hice el curso para alargar la llegada de la agonía de la inactividad. Pero en gran parte, es por una de las frases célebres de este blog: “Aprendiz de todo, maestro de nada”. Empiezo bien, pues el conocimiento multidisciplinar es una de las máximas de la creatividad. Como la perseverancia, el inconformismo, la curiosidad o el entusiasmo. Todas ellas las tengo. O eso creo.  

 

Pero hay otros puntos que me faltan, como la capacidad intuitiva o la confianza en uno mismo. Y no me da vergüenza decirlo, porque sin darme cuenta, ya estoy utilizando una de las numerosas técnicas de creatividad: algo así, como un análisis DAFO. Pero no es mi intención aburriros con la teoría.

 

Lo que quiero es pellizcaros y despertar el hemisferio derecho, donde está la imaginación, la creatividad o lo subjetivo sin olvidarse del izquierdo, es decir, lo racional, analítico, lo verbal… Más que nunca es necesaria una combinación de los dos en un mundo exageradamente zurdo en este sentido.

 

Creatividad

La creatividad consiste en tener una actitud transformadora

¿Alguna vez os habéis preguntado por qué estudiamos en la escuela matemáticas, lenguaje o historia olvidándonos de la cocina, el baile y otros conocimientos? Cierto, siempre nos quedará “Dibujo”. Pero un dibujo riguroso. Una sociedad que castiga el error y elimina la creación de ideas o lo que es lo mismo, no permite al niño salirse de la raya con el pincel o dibujar aquello que le plazca. Y es que el fracaso, como el error, no es fracaso, sino aprendizaje.

 

A veces es necesario arriesgar, permitirse el lujo de equivocarse. Así, nos podemos encontrar con grandes descubrimientos como Cristóbal Colón y América o Erikson y la bombilla (más de 1000 veces intentó el genio crear dicho producto). Para eso, también hay que salir del estado de confort, evitar el complejo marioneta y no caer en el hábito o la rutina. Ideas no faltan: desde sentarse en clase en distintos sitios a lo largo del curso a cambiar los objetos de lugar en tu casa como hacía el pintor Pablo Picasso.

 

De esta forma, se puede concluir que la creatividad es una cuestión de actitud transformadora (ausente en muchos políticos). En vez de decir a ver que pasa, hay que decir a ver que voy a hacer. Cuestionarse las cosas, reinventarse. Ser proactivo y no reactivo. Buscar desafíos, oportunidades y saber aprovecharlas. 

 

HomerSimpson

Todos tenemos un ser creativo

¡Quieto parao! Me dice el otro Diego. Pides mucho. También me gustaría tener un cuerpo de maniquí o aprender alemán y chino para optar a más empleos; pero solo sé castellano y nivel intermedio (como decimos todos) de inglés. ¿O se puede conseguir?

 

Depende artista, “si quieres puedes”. “¿Has tenido la sensación de estar haciendo algo que te gusta tanto que pierdes hasta la noción del tiempo?”; “Pues eso me está pasando a mí en este artículo”. Y a esto se le llama “Fluir”, según un profesor de psicología de la Universidad de Claremont (California) y cuyo nombre casi no me atrevo a escribir: Mihály Csíkszentmihályi. Exótico, ¿verdad?

 

Consiste en un estado de auténtica y plena felicidad. ¡Vaya! Sin darme cuenta ya lo conocía. Cuatro años después pongo nombre a un término que inventé junto a mi gran amigo Héctor: “Alegría involuta”. “¿Me puedes explicar eso?”. “¡Claro! Mira, esta es la introducción: “En los últimos tiempos se ha utilizado con frecuencia la expresión “¡Qué alegría! cuyas derivaciones fueron creadas en el año 2007 por Diego Ochoa de Alda Gutiérrez con la expresa colaboración de sus compañeros universitarios, en especial de Héctor M. D.”. Y entre ellas está alegría involuta, es decir, satisfacción inmensa y plena.

 

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Nunca subestimes una idea

“Tío, en eso eres un experto. Aún me dan ganas de darte una colleja cuando das la vuelta a palabras como opaco (y dices oluís), yacimiento (o luego digo la verdad), sincero (o con uno)… o me hablas de tus deseos disparatados como: “Hacer un botellón de zumos y batidos”, “Bailar como Joaquín Cortés” o “dirigir un acto colectivo sobre una gilipollez”.

 

“Es posible, otro Diego”. Pero no todo es reírse. También, sin darme cuenta, en el anterior artículo de Lagunas del periodismo (blog que te aconsejo) utilicé la técnica de crear en sueños. Con ella se intenta aprovechar el poder creativo del sueño. Numerosos científicos y poetas han recalcado continuamente esta posibilidad. Entre ellos, Salvador Dalí.

 

“Interesante”. “Yo pensaba que la creatividad era un lujo y ahora resulta ser una realidad cotidiana”. Exacto, amigo. Hay muchos mitos entorno a la creatividad, como que es un don, cosa de locos, jóvenes o de personas antisistema. Pero para reconectar con nuestro ser creativo, basta con observar las cosas, tener empatía, asumir riesgos y, resumiendo, ser curioso, muy curioso. Como dice Roger Von Oech, un experto en esta materia, “Hágase el tonto, rompa las reglas, deshágase de su libro de respuestas, busque respuestas erróneas, busque la ambigüedad, cometa errores,….y ¡vuélvase creativo!”.

 

“Te veo bien Diego, te veo bien”. “Creo que este curso te ha servido más como persona que como profesional. Has conocido gente, desde psicólogos a diseñadores o ingenieros, te has sentido en tu salsa aportando ideas (como denominar a un posible grupo de rock Homicidio Musical), has bailado, cantado, escrito e incluso realizado una obra de teatro. Un apunte,  ¿Cómo se despidió de ti la profesora?”.

 

“Bueno, me dijo adiós chico súper creativo”.

“Alegría involuta”.

“¡Pues sí!”

 

El Marketing y la toma de decisiones


Aún recuerdo con nostalgia mis momentos en bachillerato cuando hablo con familiares o amigos que están rozando la selectividad. Eran días de desconcierto, de preguntas y dudas en los que, en cambio, tenía el poder en mis manos; el poder de decisión. Aquél que hace libre a los hombres.

 

Y decidí estudiar periodismo, una carrera de vocación y por entonces atractiva que hacía presuponer un futuro laboral entretenido y grávido de misterios, oportunidades e ilusiones. Disciplinas como la Educación infantil o el Marketing quedaron postergadas en mis prioridades educativas.

 

Cinco años después y tras un duro escrutinio, acudí al Centro de Orientación e Información de Empleo de la Universidad Complutense de Madrid para que me ayudaran a saber qué hacer con mi vida. No en vano venía de estudiar y trabajar durante tres meses en Londres y me encontraba desde hacía unas semanas atado a las oficinas del INEM de Coslada. El panorama no podía ser más prometedor.

 

Sin embargo, todo cambió a partir de las tres horas de tutorías repartidas en dos días que tuve con Ruth, una orientadora que confeccionó mi Currículum Vitae como era debido, me animó a continuar con ese inconformismo y actividad que me caracteriza y me facilitó un manual lleno de direcciones que toda persona debe de tener: empresas de trabajo temporal, empleo en el extranjero, becas, cursos de todo tipo, asociaciones…

 

Hasta entonces había enviado decenas de solicitudes para realizar cursos de formación u optar a ofertas de empleo. Pero lo único que conseguía eran llamadas telefónicas para sacarme el dinero. No fue así con MSL Formación, empresa que ha despertado de nuevo mi furtivo interés por el Marketing, una ciencia maravillosa de la que hablaré en un nuevo artículo de Lagunas del periodismo.

 

MSL

El Marketing -también llamado mercadotecnia- es una ciencia empírica y no exacta que está presente en muchas empresas y ámbitos de la sociedad. Sin embargo, es malinterpretada por todos menos por aquellos que se dedican a ella. “Marketing es como el quinto polvo; todo el mundo habla de él pero muy pocos saben lo que es”, explica Serafín, profesor del curso que se atribuye esta definición desde hace 30 años.

 

Con este escrito no pretendo demostrar mis conocimientos en esta disciplina, sino reafirmarme ante ellos. De hecho soy, junto a otros dos compañeros, el único que no ha trabajado o tratado con  esta materia (apenas algo en bachillerato y una asignatura optativa en la universidad).

 

Y sin embargo, me fascina. Me atrae ese punto de maldad que tiene el Marketing de persuadir a las empresas para que ofrezcan un producto que se adecue a las necesidades del consumidor; “el Marketing lo inventó el diablo”, comenta  Serafín.

 

Él mismo asegura que la gente habla sin conocimiento producto del deficiente sistema educativo de nuestra sociedad: “Se aprende para aprobar no para saber como los niños”, espeta, recetando la fórmula para solventar dicho problema: “Si atiendes, conoces, si participas, aprendes, si te comprometes, comprendes”.

 

Por lo tanto, empecemos a conocer el Marketing saliéndonos del proceso habitual  de aprendizaje. Cuando hablamos de esta disciplina nos referimos en primer lugar a una filosofía de la empresa con el cliente, y en segundo a las herramientas que utilizamos para lograr los objetivos deseados.

 

Para ello, hay que tener en cuenta que “un cliente es más infiel que un novio ninfómano con un SEAT león tuneado en Marbella”, explica Serafín con una media sonrisa. Y el Marketing Relacional, término que da nombre al curso, se ocupa de crear, fortalecer y mantener las relaciones de las empresas con el público buscando lograr los máximos ingresos por cliente.

 

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Aunque está relacionado con la economía, ambos son dos conceptos distintos: “Un economista es una persona que se tira una hora en decir lo que ocurrirá en el año siguiente y un año en decir por que no ha ocurrido”. Así lo concibe mi profesor. Y a pesar de las ventajas que ofrece el Marketing en una empresa no se lleva bien con ciertos departamentos como el de ventas. Mientras el primero trabaja a medio y largo plazo teniendo como meta la cuota del mercado, éste último busca vender y ganar dinero inmediato; algo que resulta complicado en un 2011 calificado cómicamente por Serafín como el año del Consumismo, es decir, con su mismo jersey, chaleco, coche…

 

Por lo tanto, es necesario cambiar los hábitos de compra y consumo para influir en el consumidor. Ese es el propósito de la mercadotecnia, que ha conseguido comer la cabeza a los clientes para convencerles de que la Nintendo DS no es sólo una consola destinada a niños o que Red Bull es una bebida energética que mejora la concentración.

 

¿Cómo lo ha hecho? Con excelentes campañas dirigidas a cualquier móvil de compra. En España, haciendo un juego de palabras, lo que nos impulsa a realizar una compra es MICASO, es decir, por Moda, Interés, Confort, Afecto, Seguridad y Orgullo. Es esa la razón por la que no se venden productos, sino SATISFACCIONES. No se vende un helado de fresa, sino el placer de comerlo, no se venden flores, sino el cariño que generan. Resumiendo, todas las decisiones de compra están basadas en expectativas; las expectativas son sueños y por eso vendemos satisfacciones.

 

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Todo está pensado para consumir más. Si pensamos en los supermercados, las bebidas están ubicadas al final del mismo para que su volumen no impida comprar más y  productos como el detergente, el gel o el Colacao no tienen unidad de medida. Su envase está preparado para el contenido se agote pronto y esto, unido a la necesidad imperiosa que tiene la sociedad de estrenar, origina unas ventas masivas. Y si se trata de una marca importante, aún más.

 

Una marca tiene que ser simple, única, recordable y sustentable. De lo contrario, el consumidor se mostrará reacio a comprar un producto determinado. Por poner un ejemplo, la marca Kodak fue diseñada para que fuera fácil de pronunciar en todos los idiomas, un aspecto que olvidaron empresas como Schweppes. En otros casos, la misma marca ha dado nombre a productos de la competencia; o si no, ¿quién no llama Casera a la gaseosa, clínex a los pañuelos o Tupper al envase donde guardamos los alimentos?

 

Para conseguir dicha asociación el Merchandising adquiere una importancia fundamental. Definiéndolo de forma sencilla, esta parte del marketing intenta decirle al cliente lo siguiente: “Ésta es tu tienda, ven, compra vuelve y habla bien de nosotros”.  Por lo tanto, busca vender más y mejor siendo uno de los responsables, junto a los 3500 – 10000 impactos publicitarios que recibimos al día, de que el 80% de las decisiones de compra se produzcan en el punto de venta.

 

Así es el Marketing del siglo XXI, donde todo tiene una carga social, ambiental y económica en un mercado en el que, según los datos que se obtengan del mismo, se toman decisiones para “enjabonar al maricón de mi cliente”, una frase posiblemente despectiva pero sin ánimo de ofender que se utiliza en este mundo como equivalencia a vender productos y fidelizar a los consumidores.

 

Suena sencillo, pero Fermín me hizo ver la complejidad e importancia de esta disciplina en el primer día del curso con un ejemplo: “Imaginaos una zapatería importante que envía a dos empleados a África obteniendo dos respuestas distintas. Uno le dice: “Jefe, aquí nos forramos, la gente está descalza”, mientras que el otro le reprocha: “Jefe, aquí no hay negocio; la gente no utiliza zapatos”.

 

Por mi parte, no sé si venderé zapatos en África o neveras a los esquimales. Quién sabe. Todo es cuestión de tomar decisiones.

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